Ratones avatar contra el cáncer

El Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas lleva a cabo las terapias más avanzadas con roedores: cada paciente cuenta con su «replicante» animalConsulte el gráfico sobre la terapia más avanzada

MADRID- Sucedió en el Hospital Johns Hopkins de Baltimore (EE UU), allá por 2006. Mark Gregoire, de 61 años, llegó al centro con un cáncer de páncreas avanzado. Prácticamente en fase terminal. Sin embargo, de aquellas escasas semanas de vida que le pronosticaron pasó a vivir al menos 6 años. Aquella milagrosa prórroga vino de la mano de los médicos. Pero también por la inestimable ayuda de unos roedores. Gregoire no lo sabía entonces, pero pasó a ser uno de los primeros beneficiados por los «ratones avatar».

Ya entonces fue Manuel Hidalgo, director del programa de investigación clínica del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), quien puso en práctica esta novedosa terapia. No era la primera ocasión en la que se experimentaba con ratones en un laboratorio. Pero sí que era de las primeras en las que se le trasplantaba a un roedor parte del tumor de un paciente, de tal forma que el ratón pasaba a ser su réplica. Su avatar. Y el tiempo que tarda el tumor en generarse en el roedor es el tiempo que se emplea en dar con los fármacos más adecuados. Si las moléculas dan buenos resultados en el ratón, hay posibilidades de que sean beneficiosas para el ser humano. La experiencia en el Johns Hopkins sirvió al doctor Hidalgo para armar toda una metodología.

Meses de trabajo
«Es una línea prioritaria para nosotros. Pero es un componente más de una estrategia mucho más amplia», explica Hidalgo. Por un lado, una de las prioridades del CNIO es el estudio de nuevas moléculas contra el cáncer. Por otro, se encuentra la medicina personalizada. Y en este sentido, nada como los «ratones avatar», que cuentan con la misma genética del paciente y suponen un banco de prueba en toda regla. «Su utilización es algo que nos hace únicos con respecto a otros centros», añade. No en vano, el CNIO es, a nivel mundial, «el grupo que más los ha utilizado y de forma más avanzada».

Estamos en «una carrera contra el tiempo». Y es precisamente de tiempo de lo que no disponen muchos pacientes. Estaríamos hablando de entre 6 y 8 meses hasta dar con una respuesta. Una vez que se logra inmunodeprimir al roedor para introducirle el tumor, hay que esperar 4 o 5 meses para que se genere; durante ese tiempo, se secuencia el tumor y, según indiquen los marcadores, se busca un tratamiento; mientras, se realiza un análisis bioinformático que señala cerca de mil alteraciones genéticas causantes del cáncer; a partir de ahí, hay que dar con las «dianas» terapéuticas, que deben quedar reducidas a entre 8 y 10 fármacos y, por último, aplicarlas en los ratones. En dos meses, puede observarse cuál es el tratamiento más adecuado. No se utiliza sólo un ratón por paciente; al menos, un centenar.
«Gracias a las técnicas de imagen en vivo, pueden compararse a un ratón que recibe un tratamiento ‘'x'', otro con un tratamiento ‘'y'', otro con una combinación de ambos, y otro más que no lo recibe. Y para poder llevar a cabo la estadística, se pueden coger series de diez», explica Francisca Molero, jefa de la unidad de Imagen Molecular del CNIO.

¿Y los resultados? «En el CNIO hemos llevado unos 20 casos, de los cuales cuatro o cinco se están secuenciando en estos momentos. Pero podemos decir que, en la mitad de los casos, se ha dado con un tratamiento personalizado para el paciente», asegura Hidalgo. Páncreas, melanoma, pulmón o esófago –otro paciente que lo padecía vivió 5 años más de lo estimado– han sido algunos de los tumores tratados. ¿Y los objetivos? «La optimización, acortar tiempos, abaratar costes...». Y por supuesto, la financiación que les permita llevar este programa, que actualmente se realiza en el Hospital de Fuenlabrada, en otros centros de la Comunidad de Madrid.

Uno de los efectos «colaterales» de esta experimentación es que da pie a nuevas moléculas contra el cáncer. El doctor Joaquín Pastor, del Programa de Terapias Experimentales, asegura que se han «logrado resultados interesantes» con inhibidores probados en tumores de páncreas y de pulmón. También se están observando datos positivos en una diana terapéutica «que actúa sobre la matriz del cáncer de páncreas». Eso sí, Pastor señala que el proceso que desencadena que estos fármacos estén disponibles es lento. Se tarda más de una década.