Barcelona

Four cats

La Razón
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Mi profesor de inglés me asegura que «four cats» se puede traducir sin margen de error al español como «cuatro gatos». El de catalán, que es charnego como Montilla, concretamente de Almuradiel, me apunta que «quatre gats» es lo correcto, pero no termino de fiarme. Mi profesor de catalán sólo estuvo en Cataluña seis años, en tanto que Montilla lleva toda la vida por ahí. Y si Montilla habla un catalán tan pobre, ya me dirán lo que se puede esperar de una inmersión lingüística tan breve como la de mi maestro, que justo es reconocerlo, es mirado y medido en la exigencia de sus honorarios.Todo esto lleva a la grandiosa y multitudinaria manifestación celebrada en Barcelona el pasado sábado, convocada por el charnego, los nacionalistas, los independentistas y Heribert Barrera, que según Tarradellas, es bastante tonto, aunque no tanto como Prat de la Riva, al que Julio Caro Baroja concedió el título del más tonto de España seguido a muy pocos centímetros por Sabino Arana. Decir que la asistencia superó el millón y medio de catalanes enfadados cuando se ha demostrado técnicamente que sólo asistieron sesenta y cinco mil, es un ejercicio de patriótica necedad. Sesenta y cinco mil personas se reúnen en Madrid, que es ciudad manifestante y manifestada, por cualquier tontería. El Día de la Bicicleta, por poner un ejemplo. Hace años, se convocó en el Parque del Retiro a los madrileños de buena voluntad que aceptaran colaborar en el «Día del Huevo Huérfano». Se trataba de empollar en unas cestitas los huevos hallados en nidos abandonados por aves de escasa tradición familiar. Se presentaron más de cincuenta mil, y ahí no había trasfondos de Estatutos ni melancolías aldeanas. Consistía en ayudar a gorriones y petirrojos. En una gran ciudad, como es Barcelona, sesenta y cinco mil personas se reúnen sin dificultad alguna. El resumen es que la indignación catalana por la sentencia del Tribunal Constitucional no la ha sentido ni el uno por ciento de los catalanes, lo que da a entender el ridículo que han hecho estos señores convocantes tan simpáticos.Y además, para mayor batacazo, contando con el apoyo incondicional de todos los medios periodísticos, radiofónicos y audiovisuales establecidos en Cataluña, que allí son muy obedientes con el poder político, como bien sabe el excelentísimo señor don Javier de Godó, conde de Godó, Grande de España y colaborador en manifestaciones de Señeras esteladas y consignas separatistas. Todo monísimo y ejemplar.En estas circunstancias, y ante el pavoroso fracaso de la clase política catalana, resulta evidente que más de uno habría de optar por la digna retirada. No se conoce distancia anímica tan espaciosa entre la ciudadanía y la clase política como la establecida en Cataluña. El «Día del Orgullo Gay», recientemente celebrado en Madrid reunió a más de sesenta y cinco mil homosexuales, y eso que Zerolo está de capa caída. Un chasco de convocatoria. «Creo que hay que tener en cuenta la manifestación», ha dicho Duran Lleida. Le sobra razón al inteligente y moderado dirigente de Unión Democrática de Cataluña. Hay que tener en cuenta la manifestación para que los políticos de aquella autonomía dejen de organizar chorradas y santificar lo accesorio y se dediquen, al fin, a gobernar a su cultu y callada sociedad. Porque sesenta y cinco mil personas en Cataluña son cuatro gatos.