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Pupas sí

La Razón
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El penalti es un lance en un partido, como la expulsión; lo inoportuno, lo imprevisto, es la fatalidad, eso que convierte al Atlético en el «Pupas». Le bautizó Vicente Calderón, no por molestar ni para estigmatizar; conocía el paño y reflejó una forma de ser que obedece a detalles como aquel gol de Schwarzenbeck en aquel último minuto de aquella trágicómica final de la Copa de Europa. Otra muestra, el empate del Madrid. Contra todo pronóstico, este Atlético errante de Manzano, el peor equipo de la Liga a domicilio, incapaz de marcar un gol al arcoiris, se adelantó en el Bernabéu. Ganaba después de doce años. Y jugaba bien, con prestancia, personalidad y arrestos. Plantaba cara al todopoderoso equipo de Mourinho. Le tuteaba, no se distraía. Superó indemne los primeros cinco minutos y los diez, y a los quince, Adrián marcó. Rozaba el fuera de juego. Valió el gol. Pudo incrementar la ventaja, pero Diego, el faro, no se atrevió. De inmediato, un fallo de ajuste en el centro del campo, se internó Benzema, el mejor futbolista de Francia, y dejó al Atlético con diez. Courtois le derribó cuando rebasó a sus centrales; ni protestó cuando Mateu señaló la pena máxima y le expulsó. Manzano quitó a Diego, el armador; entró Asenjo, reapareció contra un penalti después de la entemerata. Así es el Atleti. Resistió con 1-1 el primer tiempo; apenas reiniciado el partido, Di María, lo más parecido a Dani Alves, otro grandísimo jugador que haría la competencia a Al Pacino, le sentenció con el 2-1. Quedaba partido, competencia. La emoción duró 23 minutos, hasta que volvió el «Pupas»