Debate del Estado de la Nacion: llega el asalto final

Rajoy afronta el debate como una plataforma de lanzamiento y con la tranquilidad de que no se juega nada. Zapatero llega a su último «cara a cara» parlamentario con todo en contra y el clamor del adelanto electoral

2010. En el último cuerpo a cuerpo, Rajoy rescató el «váyase» de Aznar  y se dedicó a desacreditar al presidente. Para Zapatero fue el debate más duro, marcado por el Estatut de Cataluña y la galopante crisis económica
2010. En el último cuerpo a cuerpo, Rajoy rescató el «váyase» de Aznar y se dedicó a desacreditar al presidente. Para Zapatero fue el debate más duro, marcado por el Estatut de Cataluña y la galopante crisis económica

Los que siempre han creído en Rajoy, y aquellos a los que les ha costado mucho más empezar a creer en él, comparten la misma tesis de cara a este Debate del Estado de la Nación: el duelo parlamentario está ganado de salida y es Rodríguez Zapatero, y no el líder de su partido, el que se examina y el que se juega tanto como reinventarse a sí mismo y a su proyecto para justificar por qué quiere agotar la legislatura.

Esta mirada sobre el que será el último debate de la era Zapatero la tienen también quienes han colaborado en la preparación del discurso. Y es la que explica que haya pocas razones para pensar que el jefe de la oposición va a arriesgar ahora lo que no arriesgó cuando se la jugaba en sus cara a cara con el líder socialista antes de que en las urnas empezase a encontrar el oxígeno que algunos de los satélites de su partido, y algunos de los suyos, le negaban tras su segunda derrota en unas generales. Por tanto, el eje de su discurso será la descripción de las calamidades que deja la gestión socialista, primando el foco económico. Una intervención de ésas de partirle la cara al adversario, bien construida, razonablemente vibrante, pero sin hacer mucho más que constatar la pura evidencia. «Rajoy está subido en una holgura tan amplia (por la distancia que le separa del PSOE en los sondeos) que es lógico que considere que se juega muy poco», explican en el Comité de Dirección.

Otra diferencia con respecto a anteriores debates es la situación de Zapatero. Rajoy tiene en cuenta que se enfrenta a un líder amortizado, y de ahí que en esta ocasión conceda más importancia a su intervención inicial que al mano a mano. Esa intervención será el momento «para presentar el final de la legislatura y su candidatura», dicen en Génova. Con una precisión: esta cita tampoco es el momento para desarrollar su programa, más allá de aludir a sus líneas maestras. Eso se deja para después del verano, sobre todo para la conferencia programática que aún no tiene fecha. Lo que sí hará será examinar el fallo de las reformas de Zapatero, así como las razones que éste ofrezca en su primera intervención para aguantar hasta marzo sin elecciones. Rajoy se ha encerrado este fin de semana a trabajar en el debate con hilo directo, entre otros, con la portavoz en el Congreso, Soraya Sáenz de Santa-maría, y con su «gurú» sociológico, Pedro Arriola. Y hay una idea que subyace: la de que todos los miembros del Gobierno, menos uno, están por el adelanto electoral, y que cuanto más tarde llegue será peor y más caro para todos. Que la legislatura esté acabada, sean las elecciones en noviembre o en marzo, hace que el discurso del «márchese usted» tenga menos fuerza que si un debate parlamentario en estas circunstancias, y con un Gobierno tan desnortado, llegase a mitad de mandato. Aun así, estará presente. Rajoy hablará de las cuentas, de la inacabada reforma del sistema financiero, de empleo… Y está por ver si también morderá en otros problemas pendientes como, por ejemplo, el tigre de Bildu. Esa holgura en la que cabalga le ha permitido acomodar también a su estrategia, sin oposición interna, el manejo de la catástrofe en la que se ha convertido la decisión del TC de levantar el veto del Supremo a la presencia electoral de la izquierda abertzale en las pasadas municipales.