Un veinteañero Felipe II

Temporada en La Maestranza. «Don Carlo», de Verdi. I. Orlov, K. Chanev, A. Ódena, D. Ulianov, F. Cedolins, D. Zajick,. Real Orquesta de Sevilla y Coro de la Maestranza. G. del Monaco, dirección escénica. P. Halffter, dirección musical. La Maestranza. Sevilla, 24-VI-2011.

Un momento de «Don Carlo»
Un momento de «Don Carlo»

«He llegado dispuesto a echarte de la producción, pero tú decides si te vas o te quedas. Si te quieres quedar tendrás que envejecer treinta años en diez días», le espetó Giancarlo del Monaco al veinteañero bajo ruso –ni una palabra de italiano, triunfador en la última Operalia– que por primera vez en su vida cantaba una ópera entera, y nada menos que en el emblemático papel de Felipe II. Decidió intentarlo y, tras ensayos y dos horas de maquillaje previo a cada representación, llegó a parecerse al rey. Éste es el trabajo de un auténtico maestro de la escena y Del Monaco lo es.

La historicista producción, con lujoso vestuario de Jesús Ruiz y compartida por tres teatros a razón de 150.000 euros, tuvo más ensayos que en Bilbao y salió redonda, aunque no sea uno de los mejores trabajos del italiano. El inmenso Cristo desnudo, inspirado en el de Cellini de El Escorial, el Inquisidor flagelado o el asesinato del infante a manos de su padre resaltaron aspectos de una Leyenda Negra enmarcada por bronces de Leoni y pinturas de Vasari. Hace cincuenta años había que trabajar un tiempo como asistente de maestros consagrados antes de lograr una titularidad. Durante ese periodo, los jóvenes se desfogaban en el repertorio. Las cosas ya no funcionan así . Se saltan los pasos, de forma que un director aprende las obras «en directo», sufriéndolas tanto él como artistas y público.

Super Karajan
Halffter no tiene la culpa de que los tiempos sean éstos y si su primera ópera verdiana tuviese la coherencia, seguridad y calidad del Verdi de un experimentado Muti, no sería Pedro Halffter sino Super Karajan resucitado. En su versión hay momentos acertados y otros discutibles. Ha de reflexionar sobre el color verdiano y los tempos, bastante arbitrarios. Como ha sucedido con todos los buenos directores, y el madrileño tiene talento, su lectura madurará y en diez años profundizará el juego de tensiones. Cumplieron con corrección orquesta y coro, éste muy trabajado escénicamente. El citado Ievgen Orlov posee una voz de bajo dramático y una espléndida carrera por delante. Dmitri Ulianov le dio buena réplica como Gran Inquisidor en un sólido dúo de bajos.

Ángel Ódena se superó en un Rodrigo de nobleza. Fiorenza Cedolins transmitió la fragilidad de Isabel con una preciosa «Tu che la vanitá» a pesar de su carácter excesivamente central para la voz de la siempre artista soprano. Jamen Chanev, de línea canora por depurar, aportó valentía en el registro alto y con Dolora Zajick sucedió lo de siempre cuando en este título hay una mezzo con voz y arrestos: que se lleva el gato al agua con «O don fatale», y ello a pesar de que su «Canción del velo» fue difícilmente superable. Al público se le pasaron volando las cuatro horas y respondió con vítores a todos, especialmente a Zajick y Halffter.