Achero Mañas: «Era humillante trabajar en películas que no me gustaban»

Estrena en septiembre «Todo lo que tú quieras», su cuarto filme como realizador 

Achero Mañas: «Era humillante trabajar en películas que no me gustaban»
Achero Mañas: «Era humillante trabajar en películas que no me gustaban»

Achero Mañas no concede entrevistas, sino charlas de café. Esa espontaneidad con la que agujerea la barrera entre el que pregunta y quien responde no puede ser impostada. Aun sabiendo que los directores acostumbran a volverse mucho más simpáticos con la Prensa cuando además son productores de sus propias películas. Éste es su caso en «Todo lo que tú quieras», de estreno el 10 de septiembre, sobre un padre que descubre qué es tener una hija de cuatro años al estrenar su viudez por sorpresa.


-Supongo que estará harto de responder por qué este paréntesis de ocho años sin dirigir...
-Ya me lo preguntan menos. Pues mira, es muy sencillo, después de «Noviembre» (2003) y el documental sobre Irlanda del Norte llevaba diez años seguidos sin parar de trabajar. Paré. Iba a empezar a escribir un nuevo proyecto, pero no supe qué hacer con mi vida. Entré en una especie de abismo. Yo, acostumbrado al movimiento, me vi sin saber qué hacer. Y me dije: esto me lo tengo que mirar. Empecé a dedicarme a mi familia y mis cosas. El cine es una cosa importante en mi vida, pero no la única. No fue calculado, surgió.
-Ha estudiado filosofía y ha filmado publicidad, ¿es un buen entrenamiento para volver a rodar?
-Así te mantienes cercano a la técnica y, sobre todo, para mí ha sido un medio de vida.
-¿Cómo ha encontrado España después de vivir este tiempo en Nueva York?
-He estado yendo y viniendo. Además, ahora ya no es como cuando me fui allí con 17 años. Entonces llamaba a mis hermanos cada mes y medio porque si no me arruinaba. Las conferencias eran desgarradoras, ahora gracias a internet los veía todos los días. De hecho, a veces decía: «Que no me llame hoy que tengo mucho trabajo». Con Skape se pierde esa sensación de lejanía.
-También el primer filme de Diego Luna, otro actor que dirige, aborda la figura del padre, ¿cree que las circunstancias sociales de esta época han propiciado que el hombre redescubra la paternidad?
-Creo que la están ejerciendo de otra manera. En el momento en que la mujer ha tenido que cumplir otro rol en la sociedad, el status quo del hombre ha cambiado. La mujer lo ha hecho de forma voluntaria, pero el hombre se ha encontrado con ello y está en proceso de adaptación.
-¿Es este filme es el retrato de un padre coraje?
-No es un héroe, sino una persona afectada por las circunstancias. Se trata de una metáfora de lo que está sucediendo: al varón no le queda más remedio que cambiar porque si no se queda fuera de juego. La mujer, como el hombre, sigue en ese periodo de adaptación, trabaja, educa a sus hijos y hace de chacha, tienen que luchar mucho.
-El protagonista asume el rol de padre y madre, literalmente...
-Hay una circunstancia especial que le obliga a descubrir qué significa la maternidad y lo lleva hasta las últimas consecuencias. Hasta aquí puedo contar.
-¿Qué vio en Juan Diego Botto para asignarle este papel?
-Tiene mucha clase y ha madurado mucho como actor. Además, es muy generoso, algo fundamental para trabajar con un niño toda la película. También estaba en la franja de edad perfecta: un tipo a punto de madurar al que la vida aún no le ha pasado por encima. Se prestaron muchos amigos (Tristán Ulloa, Pere Ponce...) a hacer pruebas para ayudarme a decidir hacia donde tirar (más o menos edad, más o menos dramático...), pero Botto fue el más creíble.
-¿Impone dirigir a una institución en la interpretación como José Luis Gómez?
-No, porque sabe diferenciar muy bien cuando hace de director y de actor. Le gustó la historia y se dejó dirigir. Me respetó en todos los aspectos, aunque estoy seguro de que en algún momento hubiera tomado otras decisiones. Eso no quiere decir que no aportara cosas. Busco actores inteligentes, no sólo para que se dediquen a interpretar, sino para que contribuyan.
-¿Y cuál es la aportación de Najwa Nimri?
-Esta película está llena de personajes con prejuicios. Ella es una de las que tiene que soportar los de los demás. Es un personaje desfigurado. Era perfecta para este papel.
-Descubrió a Juan José Ballesta («El bola»), la carrera de Óscar Jaenada se disparó tras «Noviembre», pero ¿no lo has puesto muy difícil esta vez con una niña de cuatro años?
-Todo el mundo me decía que estaba loco y más cuando soy yo el que produzco la película. Me sugerían que eligiera a una niña de siete años que aparentara cuatro, como pasó con Ana Torrent (en «El espíritu de la colmena») o Drew Barrymore (en «E. T.»). Busqué entre cuatrocientas niñas a la que jugara a lo que yo quería. Sabía que a las dos semanas podía decirme que no quería volver y yo no podría obligarla, pero entró en el juego de manera excepcional. Le debo a ella toda la película porque una niña mayor no diría las mismas cosas que ella.
-¿Ha cerrado la puerta definitivamente a la actuación?
-Sí, hace 15 años.
-¿Por qué?
-No me sentía satisfecho. Hacía muchas películas porque tenía que comer. Resulta humillante porque uno acaba por participar en muchos proyectos que no le interesaban nada. Se hacen tres o cuatro películas al año que pueden ser afines a mí. De esas, hay un papel en el que puedo encajar; sin embargo, hay otros quinientos que también. Además tenía cierta inquietud por escribir y contar mis historias.