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El ladrillo acaba con Miss España

Miss España: cerrado por quiebra

La crisis del ladrillo ha acabado con el certamen, que echa el cierre 83 años después . La última reina de la belleza estudia pedir carta blanca a la organización. Desde que Telecinco y Marina D'Or abandonaron a la empresa, el certamen se ha hundido y su nuevo dueño inmobiliario lucha para evitar el cese del negocio.

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Tiempo de lectura 8 min.

24 de marzo de 2012. 03:52h

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24/3/2012

No corren buenos tiempos para «Miss España». O lo que es lo mismo, al concurso de belleza por excelencia de nuestro país le ha tocado bailar en los últimos años con la más fea, lo que ha llevado a pensar incluso en una hipotética desaparición de seguir las cosas como están. Una delicada situación que se ha ido acuciando en los últimos doce meses. Más concretamente desde que Andrés Cid Fernández –propietario de la marca desde el 10 de octubre de 1990– decidiera desprenderse del certamen el 1 de enero de 2011 por sus problemas de salud y también por los malos momentos económicos y de imagen que vivía en esos momentos su empresa. Por este motivo, el concurso vendió en tres millones de euros a pagar en diez años, es decir, 300.000 euros por año (o lo que es lo mismo, cincuenta millones de pesetas), al presidente del grupo inmobiliario Torrecasa, Julio Martín, y a su socia, Rosa María Fernández, una joven gallega instalada en Valencia por negocios, que se quedaba con el cuarenta y cinco por ciento de la empresa.

Al mismo tiempo, por su experiencia al frente del concurso «Rey & Reina Belleza de España», creado en competencia directa con Miss & Mister España, Rosa asumía la dirección general de certamen, cuya sede madrileña pasaba del Paseo del Rey, cercano a la Cuesta de San Vicente, a  la calle Princesa, con vistas al Palacio de Liria, lo que hacía pensar en la mejora que se podía producir con un nuevo proyecto, emprendido con tan sólo cuatro personas del anterior equipo y del que se prescindía de casi una veintena, entre ellos profesionales reconocidos en el sector como Andrés Cid Cabido y Mónica Romero Torres.

Así pues, un año después del relevo empresarial, el futuro del certamen se torna aún más incierto. No sólo por el abandono inesperado del «barco» de Rosa María Fernández, cuya intención era revestir de glamour el concurso y que se ha marchado rodeada de numerosas dudas sobre su actitud en los negocios, sino también por despedir al resto del personal antiguo, el cierre de la delegación de Madrid en favor de la sede de la inmobiliaria de Julio Martín en Alicante. Para remate, la incapacidad de asumir el segundo pago de la compra, fue lo que les llevó incluso a querer devolver el concurso a su antiguo propietario con una rotunda negativa por respuesta.

Las horas más bajas de la historia del concurso se pusieron de manifiesto en la última gala, celebrada en Sevilla, pues no contó con los patrocinadores de envergadura que sus propietarios pretendían captar. Algo premonitorio  a la vista de la actitud tomada también por la directora de marketing del certamen, que ponía tierra por medio dos semanas antes de la final de un concurso que ha perdido la repercusión mediática que merece desde que Telecinco y el complejo turístico de Marina D'Or no renovaran su colaboración. Otro golpe de gracia, pues el emporio playero reportaba a la empresa unos cien millones de pesetas.

Este escenario ha perjudicado sobremanera a los actuales Miss y Mister España. Andrea Huisgen y Diego Otero, con tres años de contrato firmado y muchas dudas en cuanto a su futuro si la empresa no enderaza su rumbo con urgencia, algo que parece que ya se ha intentado sin éxito en las negociaciones. Al parecer, según ha  podido averiguar LA RAZÓN, hay dos o tres interesados en hacerse con el concurso, que se habría valorado en un millón más de lo que se pagó.

Beatriz Martín, hija de Julio y actual directora general del certamen, se ha negado a que la venta se haga efectiva, por lo que esto se va pareciendo cada vez más a la «casa de los líos», en este caso judiciales.  Sobre todo, si como dicen los más cercanos a Martín se trata de una mujer con mucha voluntad pero muy inexperta en este mundo.

Así todo, este entramado está muy lejos del objetivo real de la empresa: descubrir y lanzar al estrellato el talento de las más y los más guapos de España. Lejos queda ya la primera Miss España, Pepita Samper, de Valencia, que fue elegida en 1929. También la década de los 80, cuando fue trampolín de maniquíes y artistas. Toca detenerse, eso sí, en 1990, momento en que se hizo con las riendas del certamen Andrés Cid, un hombre que cambiaba su fábrica de papel higiénico por los concursos de belleza tras comprárselo también en tiempos de crisis por una cantidad simbólica a unos empresarios de discotecas de Benidorm. Con una gran estrategia de márketing y trabajo incansable, en pocos meses no sólo  empezó a pagar los sueldos de sus cuatro empleadas, sino también el dinero con el que en aquel año se  premió a las ganadoras: un millón de pesetas a la  ganadora –véase Esther Arroyo–, medio millón a la Miss Nacional –Silvia Jato– y otro medio millón, más o menos, a la  primera dama –Margarita Medina–, así como las 250.000 pesetas de la segunda dama.

Méritos a los que sumaba el 6 de diciembre de 1991, día de la Constitución, la firma de su primer contrato televisivo con Telecinco de Silvio Berlusconi y Valerio Lazarov emitiéndose la primera gala el 19 de enero de 1992 desde el Coliseo de La Coruña con la madrileña Sofía Mazagatos como vencedora. Y aunque algún escándalo y la palabra «tongo» se dejaba escuchar en alguna que otra edición, se vivieron años rentables para el empresario y las ganadoras con ganancias para alguna Miss España, durante el año de reinado, de casi cien millones de pesetas. O sea, a los seiscientos mil  euros. Y las que menos, alcanzaron  los 24.000 euros. Tanto es así que en 1996 nació el título de Míster España. Todas las chicas y chicos, al igual que los artistas, percibiendo el ochenta por ciento del dinero que la empresa facturaba por sus trabajos. Ya en 2007, en los últimos coletazos de Andrés Cid, el certamen aseguraba a la ganadora del título de Miss España, aparte de un coche y otros regalos importantes, los setenta y dos mil euros (doce millones de pesetas) que se le garantizaba por trabajo. En su debe está también, la exportación del concurso fuera de nuestras fronteras. Primero en la República Dominicana en 2008, en una concentración previa patrocinada por Globalia (la empresa de Juan José Hidalgo) y, ya acuciados por la crisis económica, un año después en Cancún, que tras el tsunami que sufrió utilizó el certamen como plataforma turística. Ahora Miss España se enfrenta a su propio terremoto financiero con difícil solución.


Los escándalos acabaron con los patrocinadores
Las polémicas de los últimos años desvirtuaron el certamen, un hecho que conllevó a la desaparición de numerosos patrocinadores, con un descenso del 50% de los ingresos. Y no sólo ellos dejaron de creer en la empresa, también el jurado que hasta entonces presidían personalidades del periodismo como el académico Luis María Anson y Javier de Montini. Uno de los escándalos más sonados fue el de la candidata de Alicante en 2002, que resultó ser una periodista infiltrada para destapar los secretos del concurso. Asimismo,  destaca el caso de Paula Bustillo, Miss Cantabria 2007, conocida como «miss madre» y que fue descoronada por ello. «Creo que la organización creó la polémica para darse publicidad. Sabían de antemano que era madre», explica.


Bases controvertidas
«El certamen de Miss España «ha quedado obsoleto», repiten las reinas de la belleza. Entre sus principales reivindicaciones están la modernización de las bases, la fidelización de los clientes y un mayor cuidado de la imagen de las representantes. «El certamen ha terminado convirtiéndose en una agencia de modelos: por contrato estás obligada a darles el 20 por ciento de todos tus trabajos durante los tres años siguientes a tu coronación», explica Raquel Rodríguez, Miss España en 1993. Una de las principales luchas en los últimos años ha sido eliminar los «puntos machistas del concurso». Una batalla que ha liderado Ángela Bustillo, Miss Cantabria en 2007. Tras iniciar una batalla legal, consiguió cambiar las bases para que la maternidad no esté reñida con la representación de la belleza nacional.

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