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«Zarkana» la otra magia del circo

La nueva aventura del Cirque du Soleil mezcla a magos con guitarras. Una ópera rock llegada de Broadway con el sello de la multinacional circense
Dónde: Madrid Arena. Madrid.
Cuándo: desde mañana hasta el 31 de diciembre.  Cúanto: de 23 a 123 euros. www.cirquedusoleil.com

  • Casiopée y Garou, en una escena de «Zarkana», la ópera rock del Cirque du Soleil
    Casiopée y Garou, en una escena de «Zarkana», la ópera rock del Cirque du Soleil

Tiempo de lectura 4 min.

10 de noviembre de 2011. 23:43h

Comentada
11/11/2011

Especialmente diseñada para aquellos que creen que visto un espectáculo del Cirque du Soleil han visto todos, «Zarkana» llega esta semana a Madrid para demostrar que queda mucha imaginación y ganas de sorprender en los cerebros de la compañía candiense. Porque «Zarkana» no se parece a ninguno de los espectáculos anteriores del Circo del Sol que se hayan visto en España, más allá de que se sostiene en los mismos pilares conceptuales: el circo concebido como un género que ha de mirar al futuro, el cuidado de la puesta en escena y la ausencia de animales.

Llegado de Broadway, donde levantó el telón a finales de junio en el emblemático Radio City Music Hall, y concebido para triunfar en ese barrio definido por una avenida en la que todo lo que vende tiene música, «Zarkana» es la primera ópera rock del Cirque: una aventura circense en la que entre número y número un maestro de ceremonias, el mago Zark –encarnado por el cantante Garou– nos conduce por una historia de amor y magia con una potente banda sonora repleta de guitarras eléctricas.

Estética neoyorquina
«Queríamos empujar la música hacia el territorio del rock. Contratamos a Nick Littlemore como compositor y creo que este espectáculo no suena como ningún otro del Cirque du Soleil. Tiene una verdadera identidad musical. Hubo desde el comienzo una intención bien clara de que fuera rockero, porque queríamos que se nos escuchase bien en Nueva York. Es la ciudad donde creamos el "show" y ha definido su estética», explica François Girard, cineasta –«El violín rojo» y «Seda» son sus filmes más conocidos– al que el Cirque du Soleil ha encargado la dirección de «Zarkana». «Con este montaje, tratamos de decir que somos un circo, y más circo que nunca, pero que hablamos con el lenguaje del rock porque queremos decirlo bien alto», afirma Girard.

«En el Cirque los personaje sencarnan diferentes metáforas. Pero en este caso el mundo del show es el propio circo: el trapecista es un trapecista, el cantante es un mago... Queríamos mantenernos dentro de la familia del circo. Y parte de eso venía de Coney Island. Hemos creado seres como la mujer-mandrágora, la mujer-serpiente y la mujer-araña... El montaje es un poco un "freak show"».

La historia de «Zarkana» es de un romanticismo arrebatado: la búsqueda de un amor imposible por parte del mago protagonista, Zark. Aunque no hay realmente una narración sino un leit motiv para una serie de números circenses enlazados por canciones al estilo del género musical de la mano de Garou y Casiopée. «Lo que tratábamos de conseguir era una gran extravagancia acrobática en una escala mayor que la de los espectáculos habituales». Y resume: «Tratamos de ser más Cirque du Soleil que el propio Cirque du Soleil».

Stéphane Roy es el diseñador de la escenografía de «Zarkana», un trabajo inspirado por su parte en  la obra de Gaudí. «Con él, la arquitectura de la escenografía nunca está terminada, cambia, es como un cuerpo, como una extensión de los propios artistas. En el "art nouveau" lo importante no es el hombre sino el poder de la imaginación, algo que fluye». Una entidad en la que destacan momentos como el de una asfixiante tela de araña que surge de repente en todo el escenario o los enormes pórticos consecutivos que llenan de imágenes proyectadas en miles de leds.  «François vio mis diseños y para él la escenografía fue el primer personaje», asegura. Todos los elementos están diseñados por piezas para poder ajustarlos al Madrid Arena, un escenario un 30% menor que el neoyorquino.

El Cirque du Soleil lleva años visitando España, cada vez con mayor asiduidad: nuestro país se les da bien, tanto que se plantean convertir a Madrid en la siguiente ciudad en la que instalar un espectáculo fijo, como ya han hecho en Las Vegas –donde tienen seis–. Es sólo un rumor que la coordinadora de prensa del Cirque, Renée-Claude Ménard, matiza: «España es un mercado importante para nosotros y estamos estudiando posibilidades, pero no hay aún absolutamente nada decidido». Y añade: «No está ocurriendo nada en ese sentido de momento. Pero nunca se sabe».
 

 

Ruedas que cortan el aliento
En «Zarkana» hay números llamativos, como el de la malabarista Masha Choodu, la hipnótica técnica de dibujos sobre arena de Erika Chen o la asombrosa rueda de la muerte de los Navas. «La calidad del Cirque du Soleil es un sello. Cada noche hay una persona que vela por esto, y si un artista está un poco más flojo, quizá le diga que descanse o le pida que revise su actitud», explica Stéphane Roy. «Si ves un montaje del Cirque diez años después está igual que el primer día».
 

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