Motos arrebata a la Duquesa de Alba el Espejo Público por Jesús Mariñas

Era previsible debido a su impacto diario. Pablo Motos presenta un programa que es el «más difícil todavía». Durante la ceremonia de entrega del Premio Espejo Público, que se llevó el presentador, hubo quienes comentaron, aún acongojados, ante Silvio González, cómo Luis Merlo lloró al hablar de su padre durante el pre estreno de «¡Tócala otra vez, Sam!», obra en la que forma pareja con María Barranco. No cesan los comentarios del fallo público, que otorgó a Motos el reconocimiento con que el espacio destaca a los personajes más populares. El resultado era problemático al tratarse de personas casi antagónicas. Competían Cayetana de Alba, más recogida después de los fastos nupciales; Pablo Motos y su ««Hormiguero», programa en el que el famoseo evidencia su capacidad de aguante, y el actor, que ya no revelación, Mario Casas. Confieso que me hubiera gustado ver a la duquesa alzando la rizada cabeza ante la imponente Susanna Griso, que moqueaba enronquecida, igual que Carmen Lomana, prodigio de impuntualidad, mujer al fin con hechuras y gestos desfasados. No se puede aparecer en un cóctel casi ochenta minutos después de la hora convocada y, encima, va de estricta ejecutiva. Sin duda, lo es por cómo lleva el patrimonio heredado. Se quedó sin posado, con lo que le gustan. «No me beséis, que tengo gripe», esquivó, mientras su acompañante ya nada ocasional –un fotógrafo de los medios diarios con negro pasado profesional– ocupaba el bien asumido segundo plano. El gesto no pasó desapercibido para Alicia Senovilla. Estaba junto a Francés, el representante y amigo de Griso, ataviada con una especie de clámide en tonos morados con hombro al aire, que contrastaba con el negro blazer Ralph Laurent casi similar al Dior de Motos. Leire Pajín parecía más delgada con un traje azul con espalda descubierta, que se compró en San Sebastián, antaño reducto de elegancia nacional y ahora separatista. De ahí que muchos la crucen sin pararse y sigan a Biarritz, menos conflictivo políticamente. Lo comentan ante González Pons, que charló con Arturo Fernández de la problemática laboral. «Los sindicatos están más accesibles esta temporada», aseguró el empresario. Lo flanqueaba la apostura de Jordi González, en quienes muchos vieron el futuro jefe de prensa del Príncipe. Mantiene sus habituales formas y discreción. No opina: «En Casa Real, cabezazo y a obedecer». No dijo más. Suficiente, como el perfecto Chanel de Gloria Lomana, que no tiene nada que ver con esa Carmen que presume de ser su prima. Muy chic como Leirín en su ya fina estampa: «No he perdido kilos, me he desinchado», descubrió ante Pilar Cernuda y Manuel de Blas.