Victimismo interesado por Ely del Valle

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No me gusta que Carme Chacón apele a las mujeres del PSOE para intentar que su candidatura sea la que gane en el Congreso Federal del sábado porque siempre me ha dado repelús el manejo interesado del corporativismo de género. No me gusta que Matilde Fernández, que es política de raza, afirme como si fuera cierto que las mujeres cuando llegan al poder lo hacen sin ataduras, frente a los hombres «que cargan una mochila muy pesada» de intereses, porque es una generalización injusta y por lo tanto, falsa.

No me gusta la utilización descarada del victimismo por quienes forman parte de una casta, la política, que no tiene problemas para desarrollar su trabajo, porque es una ofensa para las personas que sí son discriminadas y no sólo por razón de sexo. No me gusta que quien se definió en su día como «la niña de Felipe» nos involucre en su campaña a todas las mujeres convirtiéndose en nuestra abanderada, porque a mí no me representa. No me gusta que nos venda que si es elegida secretaria general de su partido todas estaremos avanzando en el camino de la igualdad, porque es radicalmente falso. No me gusta que el hecho de ser mujer se presente como un mérito, porque significa que todos los demás no son suficientes para imponerse.

La igualdad en un país en el que la discriminación hace décadas que ha sido erradicada de sus leyes y sólo sobrevive en unos cuantos tarados machistas, que aunque son capaces de hacer mucho daño están en evidente minoría, no se exige sin más: se gana y, sobre todo, se practica.

Por eso no me gustan los actos electorales de mujeres organizados para mujeres, porque, si Rubalcaba montase otro sólo para hombres, la que le caería encima sería de órdago.