El análisis Que no los condicionen

Autor de más de 60 libros de gran difusión y Premio Nacional de Historia, García de Cortázar arroja luz sobre algunas cuestiones candentes del «Diccionario Biográfico Español»

La Razón
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¿Por qué siempre despiertan suspicacias los mismos personajes históricos, como es el caso de Franco? ¿Por qué no Pilar Bardem o Eduardo Bautista, que también incluye el Diccionario?
–El grave problema es que las divisiones políticas de la ciudadanía condicionen la labor de los historiadores, pero comprendo que la figura de Franco, que influyó tanto en la vida de muchos españoles, interese más y suscite mayores sentimientos que la vida de Wamba o cualquier rey godo.La izquierda en España conoce muy bien los resortes de la propaganda y en todos los ámbitos se mueve más que
la derecha a la hora de jalear
sus iconos.

¿Es justo que un trabajo de esta envergadura quede empañado por la controversia?
–Me parece injusto que un trabajo tan descomunal y meritorio quede devaluado por una polémica en torno a unos pocos personajes, máxime cuando son poquísimos los españoles –entre los que yo no me encuentro- que han podido acceder a los textos, origen de la polémica. Estoy seguro que pronto volverán las aguas a su cauce y los árboles permitirán ver el bosque frondoso del Diccionario de la Academia.

¿Pueden levantar las mismas suspicacias en el futuro entradas como las de Primo de Rivera, Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy?
–Me temo que desde los medios se pueda, como en este caso, alimentar parecida polémica, porque el bienintencionado voluntarismo de Lord Acton cuando presentó su monumental Cambridge Modern History con una metodología mediante la cual «nuestro Waterloo sea satisfactorio para franceses e ingleses, alemanes y holandeses, por igual» ha sido arrasado por un vendaval de pasiones sociales y políticas.

¿Deben los políticos enjuiciar el trabajo de los historiadores?
–La Historia no la deben dictar ni los parlamentos ni los gobiernos, sino que tiene que ser fruto del trabajo de buenos profesionales, de expertos en el pasado , que los hay y muy buenos en España. La historiografía española goza de magnífica salud; sin embargo, sus representantes tienen que darse cuenta de que no pueden encerrarse en una «torre de marfil», sino que deben estar conectados con la ciudadanía, a la que tendrán que rendir cuentas.