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La hoja de ruta socialista

Tiempo de lectura 2 min.

01 de octubre de 2011. 03:42h

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1/10/2011

Como todo el mundo sabe y nadie ignora el tacto de codos con ETA comenzó en vida de Franco sin que éste lo supiera. El teniente coronel San Martín, jefe de los «Servicios» de Carrero Blanco, intentaba penetrar indagatoriamente a la banda cuando ésta acreditó su profesionalizada asesinando al almirante y jefe del Gobierno. Durante la transición a la democracia, los artífices de Bildu y todas las franquicias buscaron la involución política dando muerte a más jefes y oficiales que los que hubieran caído en una guerra abierta. Antes de llegar al poder en 1982 los socialistas ya habían decidido comerse a los caníbales y mantuvieron su tesis calcada de los «barbouzes» gaullistas contra la OAS, hasta que lo intrínsecamente perverso se les fue de las manos entre chapuzas e impericias. «A ver si te crees tú que estas cosas se hacen con catedráticos de Filosofía», me decía un ministro del Interior del PSOE. Los GAL estuvieron en el comienzo y no en el final del felipato. Desde la pantomima etarra de las conversaciones de Argel es obsesión socialista un acuerdo con la banda a cualquier precio, y como ETA lo sabe puede prolongar la negociación hasta que se enfríe el infierno: pista de aterrizaje para hacer política, amabilidades penitenciarias, amnistía encubierta mediante indultos individuales, extrañamiento de los carniceros  más bestiales hasta que cunda el olvido, y mucho dinero público para los que necesiten o quieran instalarse en el extranjero. Desde México a Argentina he visto bastantes. Cuando lo deseen harán una entrega simbólica de las armas y olvido para todos hacia la independencia de Euskalerría. Eso es así, como que Patxi será el secretario socialista para seguir la misma ruta.

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