Pastora Vega y Juan Ribó no han roto por Jesús MARIÑAS

En vez de entrega de premios y proclamación de mejores, los Fotogramas de Plata parecían algún capítulo de «Loca Academia de Policía».

Carmen Maura y Carlos Saura, en los premios de «Fotogramas»
Carmen Maura y Carlos Saura, en los premios de «Fotogramas»

Casi había más «seguratas» que famosos, salvo los aleccionadores casos de Luis Merlo –escogido mejor actor teatral–, Héctor Alterio y su descendencia, un Carlos Saura no en su mejor momento creacional o el siempre cálido magisterio de Carmen Maura. Su veteranía contrastó con la impronta física del coruñés Mario Casas, nacido en la avenida de los Mallos, que conduce a la Ronda de Outerio donde viví parte de mi tierna infancia y peluda juventud. Era candidato doble como mejor actor televisivo por «El internado» y el nombre más buscado en internet. «Si me dan algo será lo último, porque aún me quedan muchos años y trabajo para ser un intérprete considerable», dijo, mientras el director de la gala pegaba gritos de todo tipo.
Una masiva concurrencia abarrotó el antiguo Teatro Eslava, donde los zarzueleros esperaban a las mozas «tomando café, tomando café». Alfonso XIII allí se enamoró, lo mismo de Celia Gámez que de Pastora Imperio, abuela de esa bailarina de brazos únicos que es Pastora Vega, hermana de la Charo ya descolocando títeres parlantes en el circo de «¡Sálvame!». Juan Ribó, que fue sin pareja y por eso dicen o redicen, me desmintió problemas sentimentales que no caseros, ya que no conviven. Una pasión mantenida desde la distancia más cómoda. Sobresalió José Corbacho bajo terciopelo violeta sobre camisa fucsia y zapatos plateados. Paco León optó por la corrección de la raya diplomática, y Javier Cámara –que llegó indignado por el olor a bebida que despedía un entrevistador– contrastó chaqueta negra de esmóquin con cuello chal sobre vaqueros. Aunque para sobresalir en chic, ninguna como Maribel Verdú que tan bien asesora Ana Parrilla, experta en cosmética y maquillaje; era un Loewe marfil con cintura baja, un poco años 20 del siglo XX, recubierto de algo como lentejas –que no lentejuelas, ojo–crema.
Noche de relumbrón para luminarias televisivas, nada que ver con aquellos «Fotogramas» nacidos en Barcelona al amparo de los Nadal-Rodó. Javier Bardem conquistó el octavo de su historia, Maura también destacó con cuatro. Buen reflejo de lo que es nuestro cine sin tanta audiencia como las series que la copan. Fuera llovía y dentro, la de San Quintín. Muy de película.