Los tramposos por Julián Redondo

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Michael Phelps ganó por una medalla a la legendaria Larisa Latynina, 19-18, y Sebastian Coe, presidente del Comité Organizador, tardó minutos musicales en rebajar las dimensiones de la gesta: «Phelps es el más exitoso, pero no el mejor atleta en la historia de los Juegos». Recuerda el misterioso Sebastian a Saint-Exupery, asombroso por sus pensamientos y, también, por ocurrencias como ésta: «Caminando en línea recta no puede uno llegar muy lejos». Por elegir senderos de rufianes, ocho jugadoras de bádminton de China, Indonesia y Corea del Sur han sido expulsadas de la olimpiada. Perdieron para evitar cruces peligrosos. Cuando interesa la derrota, admirable Antoine, se quiebra la línea recta de la deportividad, por la que transitan, con más o menos acierto, el fabuloso Wiggins, la sirena plateada Mireia Belmonte, la asombrosa Marina Alabau, el voluntarioso Almagro y los campeones de Europa Sub'21, interinos olímpicos que regresan a casa como si fueran unos fracasados, nunca unos tramposos. Tienen toda la vida por delante y medallas de oro por detrás.