Desde el infierno con horror

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De vez en cuando el infierno abre sus puertas y deja escapar almas llenas de amargura, odio y rencor. No consigo explicarme de otra manera la existencia de seres inhumanos que matan y hacen sufrir a otros. Ya sé que se les llama «psicópatas», pero el concepto se me queda corto para explicarme la maldad que corre por las venas de un alma que halla placer en el sufrimiento que ocasiona a un ser humano, uno de su especie física pero no, está claro para mí, de su especie de alma. En el exterior nos parecemos, pero creo que las almas tenemos distinta procedencia, ergo unos venimos del cielo y otros vienen del infierno. Los primeros preferimos repartir luz, esperanza, compasión, amor, en cambio otros sólo reparten horror. Como sociedad deberíamos cambiar el enfoque que se le da a ciertos comportamientos infernales. No acierto a comprender cómo un juez puede absolver a semejante alma infernal. Imagino el dolor, la desesperanza, la desolación de los padres de Marta del Castillo. Los ángeles hoy no tendrán bastantes alas para arroparles y reconfortarles viendo cómo hacen para aportarles un poco de paz a su alma. El mal y le bien existen en este mundo. Los humanos tenemos libre albedrío, un don del cielo, ergo hacemos el bien o hacer el mal en función del tipo de alma que somos. Todos somos los padres de Marta, nadie deberíamos mirar para otro pues mañana podemos estar en su sitio. La Justicia debe convertirse en eso, y exigir responsabilidades: si tienen edad para matar, también tienen edad para asumir sus pecados.