Mohamed VI Sociedad Anónima

El rey de Marruecos y su camarilla controlan la mayoría de la riqueza de un país con grandes desigualdades

El «holding» Siger gestiona la mayor parte de la fortuna real, que en 2003 controlaba el 60% de los títulos de la Bolsa de Casablanca
El «holding» Siger gestiona la mayor parte de la fortuna real, que en 2003 controlaba el 60% de los títulos de la Bolsa de Casablanca

MADRID- La llegada de Mohamed VI al trono alauí en 1999 levantó esperanzas de cambio en la empobrecida sociedad marroquí. Autoproclamado como «rey de los pobres», el monarca pronto olvidó su prometedor comienzo y en la década larga de reinado ha continuado incrementando su riqueza y, de paso, la enorme brecha que lo separa de los marroquíes, que hoy saldrán a manifestarse a la calle.
Según fuentes diplomáticas, el hijo de Hassan II ha continuado la línea abierta por su padre: «En Marruecos los que tienen acceso a las oportunidades y privilegios son los mismos de siempre». Esta camarilla de poder que rodea al rey, conocida como «majzén», le gestiona el patrimonio y, de paso, se lleva una buena parte del pastel. «Mohamed VI es el primer accionista de las principales empresas del país. Es público y notorio», continúa la misma fuente. Los dos principales «holding» empresariales del país son de su propiedad y acapara el primer banco, la primera aseguradora de la nación y una de las mayores operadoras de telecomunicaciones, según el ex director de la publicación independiente «Le Journal Hebdomadaire». Además, sus numerosas fincas copan la producción del sector agrícola.
La revista «Forbes» lo coloca en el séptimo lugar de la lista de monarcas más ricos del mundo y sus propiedades inmobiliarias están repartidas por todo el mundo, aunque él trata de mantener un perfil bajo en cuanto a muestras de ostentación se refiere.
Según los analistas, la protesta social que hoy comienza en el país magrebí tiene su raíz en un reparto muy desigual de la riqueza. Se calcula que apenas un millón de habitantes, de los 31,6 que componen Marruecos, tiene alguna posibilidad de prosperar en la vida con el actual panorama.
La última palabra la tendrá el monarca alauí, reconocido por la Constitución como el «Comendador de los Creyentes» y máximo representante de la nación. Las fuentes consultadas consideran que «lo que ocurra va a depender en gran medida de su voluntad. Si se pone al frente de las demandas va a barrer en popularidad, pero tiene que estar dispuesto a perder ciertos privilegios». La apertura política que se esperaba con el relevo real ha quedado en agua de borrajas. Mohamed VI sigue reinando y gobernando. Es él quien nombra al primer ministro y a los titulares de las carteras de Interior, Justicia, Exteriores y Asuntos Islámicos. Si bien es cierto que permitió desenterrar los «años de plomo» de su padre, rehabilitando a las víctimas, y permitió la vuelta de viejos enemigos de Hassan II, sus casi doce años de reinado han sido doce años de decepciones para la mayoría de los marroquíes, muchos de los cuales aún lo veneran y hoy mirarán a Palacio.