La tragedia vuelve a cebarse con Italia

ROMA- Italia volvió ayer a despertar con la pesadilla de un terremoto. A las 4:04 horas una fuerte sacudida hizo temblar el noreste del país, dejando siete muertos y más de 50 heridos. Hay, además, 3.000 personas que no pudieron pasar la noche en sus casas porque han quedado destruidas o dañadas. La zona más golpeada fue la región de Emilia-Romaña, pues el epicentro se localizó a 36 kilómetros de la capital, Bolonia, y a diez kilómetros de profundidad.

El seísmo duró alrededor de veinte segundos y alcanzó los 6 grados en la escala de Richter, una décima menos que el que destruyó hace tres años la ciudad de L'Aquila. Al dolor por los muertos y el miedo por lo sucedido se añadió la enorme angustia que provocaron las continuas réplicas registradas (alrededor de ochenta) durante todo el día de ayer. Alguna de ellas superó los 5 grados y se sintió en toda la parte septentrional del país.

Víctimas en las fábricas
Cuatro de los siete fallecidos eran obreros que a esa hora estaban trabajando en los turnos de noche de dos fábricas situadas en la provincia de Ferrara. El seísmo provocó que se vinieran abajo numerosos edificios de viviendas, iglesias y varias naves industriales, en dos de las cuales se produjeron estas muertes. Dos de los trabajadores muertos eran Nicola Cavicchi, de 35 años, y Leonardo Ansaloni, de 51, empleados de una empresa dedicada a la cerámica ubicada en la localidad de Sant'Agostino. «Había compañeros en ese turno y dos se han visto sepultados porque el techo se ha caído de improviso. Ha sido una sorpresa para todos que cediera, pensábamos que la estructura del edificio era segura», se lamentaba uno de los trabajadores de la fábrica.

En este mismo pueblo también se derrumbó la cubierta de una fundición dejando entre sus escombros a un trabajador, Gerardo Cesaro. Durante unas horas fue dado por desaparecido, hasta que se halló su cuerpo sin vida. La cuarta muerte de Sant'Agostino fue la de una anciana de 103 años, Nerina Balboni, quien no superó el corte que le provocaron en el cuello los cascotes que cayeron en su casa.

En la cercana localidad de Bondeno se repitió lo sucedido. Esta vez fue en una fábrica de poliéster. El techo se vino abajo y sepultó al obrero de origen marroquí Tarik Nauch, que murió debido a que le cayó una viga en la cabeza. El resto de empleados de la empresa pudo escapar del derrumbe de la nave y de un silo. Los otros dos fallecidos que deja el terremoto son Gabi Ehsemann, de nacionalidad alemana, y la octogenaria Anna Abeti. A la primera se le paró el corazón y la segunda sufrió un íctus debido al susto provocado el seísmo. Entre los 50 heridos hay un bombero a quien le cayeron los restos de un edificio debido a una de las numerosas réplicas.

Protección Civil, que se ha hecho cargo de la emergencia, afirma que la prioridad ahora es atender a las más de 3.000 personas que no pueden volver a sus viviendas. Ayer se empezaron a organizar los primeros centros de acogida en pabellones y otros edificios. También se decidió que algunas de estas personas podrán establecerse de momento en hoteles, una solución que ya se utilizó con el seísmo de L'Aquila. Hoy podría visitar la zona el primer ministro, Mario Monti, que ha anticipado su regreso de Estados Unidos, donde estaba participando en la cumbre del G-8.

Como siempre sucede cuando se produce un terremoto en Italia, un país con una grandísima riqueza cultural, este temblor también deja unos daños artísticas incalculables. Entre las numerosas iglesias, campanarios y otros edificios de valor arquitectónico destrozados, destaca la Torre de los Modeneses, de la localidad de Finale Emilia. El seísmo principal la dejó semiderruída, con su espléndido reloj partido por la mitad. A media tarde, una de las réplicas acabó lo empezado y dejó este monumento del siglo XIV por los suelos y hecho cascotes.

«Mil años de historia se nos van»
Será probablemente el símbolo de este desastre que ha destruido parte de la riqueza arquitectónica de Emilia-Romaña. La misma suerte que la torre corrieron el castillo y la catedral de Finale Emilia. «Mil años de historia se nos van así», se lamentaba el alcalde, Fernando Ferioli.

En Ferrara, una ciudad hermosa que simboliza toda la belleza, civismo y bienestar de esta región, el terremoto se cebó con su símbolo y mayor joya de su patrimonio, el Castillo Estense. El ministro de Cultura, Francesco Profumo, reconoció que los daños al patrimonio cultural eran «notables» e informó de que se habían formado unidades de expertos en colaboración con los Bomberos y Protección Civil para valorar el estado de los monumentos y otros edificios significativos dañados por el seísmo.

 A primeras horas de la mañana de ayer se restableció el tráfico ferroviario de las principales líneas de la zona golpeada por el seísmo, «tras los reconocimientos técnicos previstos en los protocolos de seguridad para verificar la integridad de las infraestructuras», refieren las autoridades de los ferrocarriles.

 

Milagro bajo las ruinas: Vittoria, de 5 años, se salva por una llamada
A sus cinco años, Vittoria Vultaggio volvió ayer a renacer. La «bambina» fue encontrada con vida bajo los escombros en Finale Emilia gracias a una llamada de móvil desde Nueva York. Un físico italiano residente en esta ciudad pudo llamar al servicio de emergencias de la localidad tras advertirle su padre, con el que hablaba en ese momento por teléfono, que la casa de al lado, en la que vivía la niña, se había derrumbado. De esta manera, los servicios de emergencia quedaron advertidos y se pudo localizar a Vittoria. La niña fue trasladada al hospital después de haber pasado varias horas bajo las piedras de la histórica Torre Obici. Al parecer, dos vigas habrían salvado a Vittoria, cuya familia vivía en la primera planta de un bloque situado cerca de la torre.

 

Un patrimonio cultural, en escombros
El terremoto también ha dañado varios edificios históricos y emblemáticos de la localidad de Finale Emilia. Una columna de la torre del reloj del ayuntamiento terminó por desprenderse ante la fuerza de los temblores. También en San Agustín, otra localidad cerca de Ferrara, el edificio del ayuntamiento resultó con serios daños en su estructura. De la fachada cayeron ventanas y ladrillos. La Polícia ha cercado la zona para que los ciudadanos no se acerquen, ya que nuevos derrumbes podrían hacer caer el edificio. Las calles del noroeste italiano están llenas de escombros por los derrumbes de iglesias, castillos y torres.