El mexicano Garibay cae herido grave

Salió al ruedo «Morito» para colmo de nuestros males. Se le aplaudió de salida. Todavía no sabemos el motivo, quizá porque pesaba 672 kilos y tenía unos pitones de los que salían tres toros, desde luego no como elogio a las hechuras del toro bravo. Que aquello embistiera formaba parte del milagro.

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Y ya llevábamos uno: Serafín Marín había salido indemne de una cogida tremebunda al entrar a matar. Atrapado entre los pitones, le hizo el toro jirones la camisa y le dejó intacto el corazón. Terribles momentos. La imagen de Israel Lancho colgado del pitón atravesado su cuerpo por el pecho nos vino a la mente o la cogida brutal que el mismo Serafín sufrió en Ajalvir hace unos años en el pulmón. El milagro estaba hecho y consolidado y cogía más fuerza todavía al verlo dar la vuelta al ruedo tras una faena de arrojo y una estocada de nota, pero eso lo contaremos después. Ahora estábamos con «Morito», el cuarto. El mastodonte a partir de ahora.

El mastodonte manseó de salida, barbeó cuanto quiso, armó un caos en varas y dispuesto al jaleo, a pesar de que Garibay, perdón que no lo había contado todavía, la prenda había tocado en suerte al torero mexicano Garibay, a pesar de que Garibay brindó a César Rincón, y nos vino el olor de las puertas grandes de hace veinte años... Nada nos alejó más de aquella realidad. El mastodonte se hartó de mirar al torero, de probarle el valor, con los pitones que tenía por delante era como para tener la boca seca desde verle salir por toriles. El mexicano estuvo valeroso y por encima de la situación, pero el de Partido de Resina, maldito toro, no le perdonó y en una de ésas, le lanzó por el aire, qué sé yo, metro y medio, y en el suelo, hizo por él también.

Cornada en el muslo y varias piezas dentales... el panorama era desgarrador, pero el tío se mantuvo en el ruedo, como sólo un torero es capaz de hacer con el cuerpo herido. Con el primero, de Nazario Ibáñez, que se dejó más y en otro son, tiró de temple y dejó el gusto de volver a verlo, con otra divisa, por favor. Serafín se ganó la vuelta al ruedo con el sobrero de Los Chospes, mejor que lo de Partido de Resina era fácil, aunque tampoco remataba. Anduvo muy digno, entregado y por encima de la res. Estremecedores momentos vivimos después con la espada. Ninguna opción le dio el quinto, con el que anduvo muy serio. Pero así es imposible. Sergio Aguilar no tuvo ocasión. Con la moruchada de Partido de Resina no le quedó otra que resignarse. Qué frustración.

Las Ventas (Madrid). Decimotercera de San Isidro. Se lidiaron toros de Partido de Resina, grandes de presentación y de mal juego, y uno de Nazario Ibáñez (1º), manejable, y otro como sobrero de Los Chospes (2º). Lleno. Ignacio Garibay, de azulón y oro, pinchazo, bajonazo, aviso, descabello (silencio); media muy baja, cuatro descabellos (aplausos de camino a la enfermería). Serafín Marín, de azul celeste y oro, estocada fulminante (vuelta); dos pinchazos, media, aviso, dos descabellos (silencio). Sergio Aguilar, de malva y oro, pinchazo, estocada (silencio); dos pinchazos, media, aviso, cuatro descabellos (silencio). Parte médico de Ignacio Garibay: «Herida en el tercio medio del muslo derecho de 25 centímetros, con destrozos en músculos tensor, vasto y recto, con salida en el tercio superior». Pronóstico «grave»