ANÁLISIS: En buenas manos por Nieves MARTÍNEZ

La Razón
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El triple asesinato de la localidad vallisoletana de Boecillo no tiene nada que ver con el síndrome del cuidador, que afecta a los familiares de enfermos dependientes. Es más bien fruto de un brote de locura, porque estas instituciones someten a sus trabajadores a controles continuos.


- ¿Qué tipo de exámenes pasan los cuidadores antes de entrar a trabajar con una persona con problemas de dependencia?
––El personal de estos centros está muy controlado. En primer lugar, se realizan varias entrevistas para encontrar el perfil de personas que se está buscando y a continuación se les somete a una pequeña entrevista con un psicólogo.

- ¿Qué ocurre si los niños no se adaptan al empleado/a?
––Los menores son el mejor termómetro. Después de la contratación del personal nuevo hay un periodo de adaptación con ellos, que al fin y al cabo son los que van a estar en contacto directo. Si los niños ven que no es de su agrado, no quieren estar con ellos. Son pacientes muy sensibles y tiene que haber «feeling» con sus cuidadores.

- ¿Qué tipo de medidas existen para evitar el estrés y los problemas psicológicos vinculados a un trabajo tan vocacional como exigente?
–Es un empleo muy duro, pero existen normas de seguridad laboral en cada centro que ayudan a evitar situaciones límite. Los trabajadores hacen turnos rotatorios para poder romper con la rutina y descansar psicológicamente. Otra de las medidas es que para trabajar con estos niños se organizan grupos de dos o tres personas para repartir la carga de trabajo y para poder controlar mejor a los pacientes.


Nieves Martínez
Presidenta de la Asociación Española de Niños y Adolescentes con Discapacidad