«Vacaciones en el infierno»: Una violenta enchilada

Dirección: Adrian Grunberg. Guión: A . Grunberg y S. Perskie. Intérpretes: Mel Gibson, Daniel Giménez Cacho, Jesús Ochoa, Dolores Heredia. EE UU, 2012. Duración: 96 minutos. Drama.

La RazónLa Razón

Qué vida esta: de buenas a primeras caes en desgracia, pierdes estatus, glamour, pierdes luego los papeles, los prejuicios, y, un día, terminas protagonizando un thriller tan violento, grosero y endemoniadamente divertido como éste, una especie de gozosa autoflagelación, de parodia rara sobre tu propia vida. Quién le habría dicho a Mel Gibson antes de sus batacazos etílicos y verbales que Hollywood acabaría «castigándole» con esta película a medio camino entre cualquier filme con sangre de Tarantino o Rodríguez (o sea, casi todos) y la serie B setentera más bestia y macarra. Al guión no le falta de nada: tras cometer un robo, un hombre al que sólo conoceremos como Driver (hasta en medio de esta empanada mexicana Gibson demuestra otra vez que se trata de un gran actor), da con los huesos en una cárcel durísima y absolutamente disparatada («parece el centro comercial más cutre de este mundo», en palabras del protagonista) donde cada uno hace lo que le da la gana y quien manda es un mafioso con la salud por los suelos (ojo con la interpretación de un salvaje Giménez Cacho), que anda detrás de un niño fumador empedernido porque tiene un hígado bastante tentador... Entre medias, balaseras a mansalva, corrupción, drogas, corridos, fiestas entre rejas con prostitutas de por medio, una apresurada operación quirúrgica, la corerspondiente venganza y Driver, que, como el propio intérprete, ya no sabe bien si todo delito recibe siempre su castigo y cuál es el camino de la redención para ciertos tipos. Ni siquiera si existe realmente.