Muchas ganas de Semana Santa junto al paso de la Sagrada Cena

Tras la terrible pasada Semana Santa, en la que la lluvia truncó las ilusiones de los cofrades, ayer, junto al paso de la Sagrada Cena, se vivieron momentos propios del Domingo de Ramos aunque sin capirotes blancos y con mucho más calor.

El paso volvió a su templo tras recogerse la Custodia y entró sobre las tres de la tarde
El paso volvió a su templo tras recogerse la Custodia y entró sobre las tres de la tarde

Muy temprano, el misterio se trasladó hasta el Palacio Arzobispal para colocarse como un altar más. Habitualmente, lo hace solamente el Señor en el paso del Cristo de la Humildad y Paciencia, pero este año han participado todas las figuras como conmemoración de los 500 años de la creación de las hermandades Sacramentales en Sevilla. Una vez que la procesión del Corpus terminó, gran parte del público se trasladó hasta las inmediaciones de las calles Placentines y Alemanes para acompañar al misterio, que iba a los sones de la banda de Las Cigarreras. Desde la primera «chicotá», se notó en el ambiente que había muchas ganas de ver «costeros», «izquierdos» y de escuchar marchas propias de la tarde del Domingo de Ramos como «Amor de madre», «Ego sum» o «Azotes».

La «bulla» siguió con el paso por la plaza de San Pedro, Doña María Coronel o Gerona, lugares en los que la cuadrilla de costaleros se recreó como si detrás fueran los otros dos pasos de la cofradía y quedaran pocas horas para el Lunes Santo. «Es que, con esto de la lluvia nos hemos quedado con muchas ganas de ver pasos y oler a incienso», aseguraba un abuelo que había ido a ver la vuelta con su nieto, al que le explicaba «lo bonito y lo fino» que lo hicieron los costaleros. La historia se repitió, aunque con menos intensidad, con la vuelta de la Virgen de la Hiniesta hasta San Julián.