PSOE

Es su estilo

Rubalcaba se ha retratado como un urdidor de conspiraciones y pactos de tinieblas que vale para segundo pero que como primero es un desastre

La Razón
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Casi todo el pescado parece ya vendido, a un día del cierre de la campaña. Podría haber sorpresas, pues con Rubalcaba siempre puede haber alguna, pero da la sensación de que los españoles saben lo que quieren. Y en el PSOE se ha abierto la veda y se habla abiertamente del futuro. El candidato socialista hace tiempo que no aspira a ganar, sino a sobrevivir. Por eso sus discursos van más destinados a la militancia que a un electorado neutral que podría eventualmente votarle. Rubalcaba quiere seguir, esa es su obsesión, y a poco que obtenga un resultado similar al que logró Almunia se pondrá manos a la obra para controlar el Partido Socialista en el Congreso que se celebrará previsiblemente a finales de febrero. Aunque no lo va a tener fácil. Chacón ya ha asomado la cabeza para decir que está dispuesta a la batalla que no le dejaron dar cuando Pérez Rubalcaba maniobró para echarla de las primarias. Ella se salió voluntariamente de la carrera, para no perjudicar a su partido, y eso le benefició. Primero porque demostró voluntad de sacrificio. Segundo, porque objetivamente para Chacón ha sido mejor no ser candidata el 20-N: hubiera perdido por goleada y se quedaría sin opciones de futuro. Ahora tiene tiempo para presentar su proyecto y, si gana el Conclave, podría ser cartel electoral hasta dos veces seguidas (e incluso tres, como González, Aznar y Rajoy).

Los socialistas, por tanto, están ya más pensando en el día después que en el día «d». Y en las semanas que seguirán al 20-N se va a librar una dura contienda de Rubalcaba con el felipismo, con el cartel que ellos elijan, contra Chacón y las nuevas generaciones del socialismo. Puede haber otras opciones: se habla mucho de Patxi López, Madina, Tomás Gómez e incluso de García Paje. Pero las más creíbles son las primeras. González quiere que continúe Rubalcaba. Zapatero no tanto. Zapatero tiene razones sobradas para estar molesto con su ex-vicepresidente. En público le elogia y dice de él lo que parece lógico, pero a su entorno más directo no le oculta la decepción que ha tenido con un heredero que le ha querido ocultar, que reniega de Zapatero, que procura hablar del aún presidente lo menos posible y que, además, se portó de forma maniobrera en el momento crítico de la convocatoria de primarias para dilucidar su sucesión. No puede olvidar, porque es difícil hacerlo, el aprieto en que le puso Alfredo amagando con dimitir y con la convocatoria de un Congreso extraordinario.
Rubalcaba ha tenido tiempo más que suficiente para demostrar su estilo. Y lo ha hecho. Es el candidato de la pelea y la confrontación, marrullero, trapacero, taimado y agresivo. Es decir, un tipo del que no te puedes fiar. Podía haberse retratado ante los ciudadanos como alguien que tiene un programa para España y quiere levantar el país apelando a la unión de todos. Pero se ha retratado como lo que es: un urdidor de conspiraciones y pactos de tinieblas que vale para segundo pero que como primero es un desastre.