Fe de vida por Andrés ABERASTURI

Fe de vida, por Andrés ABERASTURI
Fe de vida, por Andrés ABERASTURI

No sé muy bien por qué, pero a mí eso de la «fe de vida» me huele como el repollo hervido: a patio de vecindad en la posguerra gris. Los bancos, cuando uno recibe una pensión –aunque sea por hijo a cargo– te la piden cada dos por tres pero, como son tan suyos, la denominan «prueba de vivencia» o algo así. Ahora la Corporación de RTVE me pide ya la muy clásica «fe de vida» y allá que me voy ante el juez de paz del pueblo que me ha acogido para que rubrique, que sí, que aún estoy vivo. La cosa parece baladí, pero para los que somos más bien dados a la fantasía literaria, tiene su punto. Como casi todos los documento oficiales carece e imaginación y está lejos de la fantasía. A mí me gustaría que hubiera en el formulario un apartado, a rellenar por el señor juez de paz, que se titulara algo así como «observaciones» y allí pudiera explayarse: «vivo, lo que se dice vivo, hay que reconocer que lo está, pero no tiene muy buen aspecto: más bien pálido, tristón, no gana una partida de mus desde hace dos años y al levantarse para recoger el presente documento, se ha oído claramente un chasquido, acompañado por un ¡ay! del interfecto en la zona lumbar del tipo dolor de riñones. Nota: durante los trámites de esta diligencia ha ido al servicio lo que hace sospechar posibles complicaciones urinarias y/o protáticas. De todo ello doy fe como juez de paz y encargado del registro… etc». La primera vez que me pidieron la prueba de vivencia en mi banco, entré en la entidad, di dos volteretas y concluí con un gracioso volatín sobre la misma del interventor. Pese a todo, no me parece de muy mal gusto que uno tenga que ir por ahí demostrando que aún sigue en esto de la vida; me da «yuyu».