«Mou» a cambiar el paso del Madrid

El Lyon, bestia negra de los madridistas, marca el camino de un equipo que sueña ya con la décima

Gago, único descarte de Mourinho para el partido ante el Olympique de Lyon
Gago, único descarte de Mourinho para el partido ante el Olympique de Lyon

El Real Madrid afronta hoy la segunda de las grandes noches para las que fue contratado Mourinho. Lo fue para acabar con la hegemonía del Barça, objetivo aún inconcluso tras la derrota en el Camp Nou y a cinco puntos de los azulgrana; para llevar al equipo a la final de Copa del Rey: objetivo cumplido; y para acabar con la maldición madridista en Europa y derribar el muro de los octavos. Hoy comienza a despejarse la incógnita y, aunque los antecedentes no invitan al optimismo, se tiene confianza ciega en la maestría de Mourinho para gestionar los partidos de eliminatoria. El técnico portugués, por lo pronto, ha convertido al Madrid en el mejor equipo de la fase de grupos de Liga de Campeones, con una trayectoria casi impecable, ya que el empate en San Siro fue su único lunar.

Seis años fracasando en el primer cruce de eliminatorias han dañado en demasía el pedigrí europeo del Madrid. Desde que el Mónaco de Fernando Morientes lo eliminó en cuartos, no ha levantado cabeza; temporada tras temporada han caído técnicos y proyectos, incluso el infortunio europeo acabó con los «galácticos». Y aunque el rival es el mismo de hace un año, el Lyon, el último verdugo del nonacampeón, al que, por cierto, jamás ha conseguido vencer el Real Madrid, todo parece distinto. La confianza de la parroquía madridista en Mourinho no es comparable a la de ningún otro técnico anterior. Incluso, en caso de fallar, se tendrá paciencia con él. Si no es en la primera, las segundas temporadas del portugués aseguran títulos.

Desde luego, el equipo llega en el mejor momento para vencer la doble maldición: superar los octavos y ganar al Olympique de Lyon. Los jugadores no están asfixiados como en enero, cuando la carga de partidos y la responsabilidad de llegar a la final copera acumuló minutos en los mismos hombres. Moralmente, Cristiano y compañía se han quitado un lastre de encima y, además, viven con la renovada inmersión en el título liguero después de recortar distancia al Barcelona.

Mourinho dispone de su «once» de gala, con la única excepción del lesionado Higuaín, y de variantes para el juego del equipo tras la llegada de Adebayor. La opción de que el Madrid juegue con un trivote en el centro del campo gana enteros por aquello de sujetar al rival en De Gerland y dar rienda suelta al ataque en el partido de vuelta en el Bernabéu. No osó hacerlo en el Camp Nou y, seguramente, «Mou» todavía se está arrepintiendo. La única pega a tal posibilidad es prescindir de Di María, en estado de gracia. En ese caso, Marcelo podría jugar en su lateral, si es que Mourinho prescinde de Sergio Ramos como titular, o bien en posición más adelantada, en la línea del centro del campo, junto a Xabi Alonso y Lass o Khedira.

La otra gran duda es si el «9» elegido es Benzema, quien conoce bien al rival por haber estado en sus filas, o Adebayor, cuyo tipo de juego es más útil contra el Lyon. Sea como fuere, en casa sólo se quedaron Gago, por decisión técnica, e Higuaín.

Por su parte, el Olympique no parece tan fuerte como otros años, pero no hay que olvidar que seis de los hombres que hace un año se cargaron al Madrid en el Bernabéu estarán en el césped –Lloris, Reveilliere, Cissokho, Toulalan, Delgado y Kallstrom–, pese a que el autor del gol de la eliminación madridista, Pjanic, estará en el banquillo porque Gourcuff es fijo. Además, Claude Puel tiene la baja del delantero argentino Lisandro López. Prueba de la facilidad del equipo francés para reponerse y encarar sin miedo a los grandes favoritos, es su cuarta plaza en Liga tras unos inicios en los que estuvo en puestos de descenso y Puel con una mano en el pomo de la puerta de salida. Viene de sendas goleadas a su vecino el Saint Etienne (1-4) y el Nancy (4-0).