Desahucios letales por Cristina L Schlichting

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Tres casos en una semana. Dos hombres se han suicidado y un tercero lo ha intentado cuando iban a ser desahuciados. El que ha salvado la vida ha sido un hombre de Burjassot (Valencia) que se lanzó desde un segundo y quedó inconsciente. Los fallecidos son un hombre de Granada, de 53 años, que se tiró de su piso el jueves y un joven que se inmoló el martes desde un puente en Las Palmas de Gran Canaria. ¿Pero esto qué es? ¿Vamos a permanecer callados? 350.000 familias han sido arrojadas a la calle desde que comenzara la crisis y las ejecuciones hipotecarias van en alza: en lo que va de 2012 se han incrementado un 20,6% con respecto al año anterior. Puede que la gente haya sido imprudente al endeudarse, puede que el sueño de un hogar propio nos haya cegado en tiempo de riqueza, pero no hay derecho a este desastre social. ¡También los bancos se equivocaron concediendo hipotecas a troche y moche y sin embargo los estamos ayudando! Es precisa ya una iniciativa política. La Conferencia Episcopal ha sido la primera institución en alzar la voz en el reciente documento sobre la crisis: «Es urgente encontrar soluciones que permitan a esas familias, igual que se ha hecho con otras instituciones sociales, hacer frente a las deudas sin tener que verse en la calle». Esta misma semana, en declaraciones a Onda Vasca, el obispo de Bilbao, Mario Iceta, reiteraba la necesidad de proteger el hogar de tantas familias. Interesantísima ha sido la propuesta presentada al Consejo General del Poder Judicial de un grupo de magistrados encabezado por Manuel Almenar Berenguer que proponía medidas de protección del deudor, desde «el reparto con el cliente endeudado de las ayudas que la banca recibe del Estado», hasta la modificación de la tasación de viviendas, pasando por la dación en pago o el establecimiento de periodos de carencia y quitas. Supongo que no corresponde al CGPJ cambiar la Ley, pero para eso está el Parlamento. Para eso lo votamos. Ya está bien, la gente no puede estar quitándose la vida mientras la banca recauda beneficios año tras año. La sociedad española, con un parado entre cada cuatro personas, está sosteniéndose gracias al esfuerzo de las familias. ¿Acaso no merece esta institución el mismo esfuerzo que las entidades financieras? Hay padres que se ven en la calle con sus hijos porque eran avalistas. No sólo pierden los hijos todo lo invertido en el piso, es que sus progenitores pagan también y todos quedan en la lista de morosos, sin poder acceder ni a una tarjeta bancaria. Se les condena para siempre al mercado negro, porque sus sueldos serán embargados de por vida y jamás podrán pagar la deuda. Si no hacemos algo, una parte demasiado amplia de la sociedad será foco no sólo de suicidios, sino de delincuencia y rémora económica.