Siempre pita por Francisco Martínez

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Manos en cruz. Soy tu esclavo. Todo empieza por una suave caricia por el cuello, después baja a través de la espalda, pasa a la parte de adelante, al pecho, a los brazos, a la cintura, da un pequeño salto hasta las piernas, de abajo arriba, de arriba abajo, las manos tocan todas las partes del cuerpo y de repente… «ok, go, thank you». Limpio. El registro nada sexi, con guantes de látex (¡qué miedo!) forma parte de la rutina diaria porque la dichosa maquinita del control de seguridad siempre pita, no se sabe muy bien por qué. Y tampoco es plan quedarse ahí en paños menores como un ex presidente del Barcelona. Será el cinturón. Pues cinturón fuera, pero sigue pitando. Los anillos, las pulseras... Tampoco. Serán los zapatos, pero con otro calzado también el «piii», igual que sucede con los pantalones. Suena con los vaqueros y con los «chinos». Ayer, por fin, todo fue normal. El soldado se quedó con sus guantes puestos y sin tocar a nadie. Pero no podía ser todo tan fácil. Había algo raro en la mochila, que hubo que vaciar convenientemente, todo fuera. El problema era un bolígrafo. El mismo bolígrafo que otros días había pasado sin problema. Menuda seguridad.