«La mitad de Óscar»: Sal negra

Dirección: Manuel Martín Cuenca. Intérpretes: Rodrigo Sáenz de Heredia, Verónica Echegui, Antonio de la Torre. Guión: M. Martín Cuenca y A. Hernández. España, 10. Duración: 85 min. Drama.

 
 

En la espléndida «Las horas del día», Jaime Rosales desenmascaraba la rabia, el furor, la locura que malamente contenía dentro el protagonista cuando asesina a un taxista. También «La mitad de Óscar» revela el espeso drama que oculta el núcleo duro del filme cuando, en unos planos previos que presagian muerte violenta, Óscar se cobra las consecuencias de una pasión malsana en el cuerpo del conductor que no sabe callar a tiempo. Intimista, estática, arriesgada rara avis del cine español, la cinta apuntala parte de la fuerza que la hace grande en los silencios grumosos de Óscar, que trabaja de guardia de seguridad en una salina semiabandonada. Tan blanca como la cal un poco húmeda todavía con que el enterrador tapa el ataúd de su abuelo. El taciturno Óscar (suena de lejos el personaje central de otro título imprescindible, «Lo que sé de Lola», Javier Rebollo), tiene 30 años y vive solo. El viejo padecía alzhéimer, aunque Óscar, que practica de vez en cuando sexo mecánico con una mujer que no le importa nada, no puede olvidar el pasado. Y el pasado vuelve siempre con María, la lejana hermana de Óscar, que regresa para asistir al entierro. Tirando de las palabras justas, ambos nos descubren entonces la auténtica y negra tragedia de una película que consigue ser casi tan pura e impura como esa sal.