Champions League

Pasado de revoluciones

El Auxerre no es el Lyon, ni siquiera el Alcorcón, es un equipito organizado cuyo remate más peligroso a la portería de Casillas partió de la cabeza de Pepe, y al palo. El Madrid tardó 81 minutos en marcar, sufrió una barbaridad frente a un rival muy inferior y sólo los cambios devolvieron el color a su rostro.

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Cuando Özil entró por Benzema, otro que como Cristiano Ronaldo «corre como pollo sin cabeza», mejoró en el capítulo artístico, y cuando Di María suplió a Lass, en el práctico. Pero es mucho lo que hay que arreglar en este Madrid para evidenciar una necesaria mejoría.

José Mourinho suele ganar en Europa por 1-0. Le basta. Que esté encantado porque por fin el Real Madrid se ha impuesto a un equipo francés es una innecesaria muestra de arrogancia, otra más. El Auxerre no es ni el Olympique de Lyon ni el Marsella; sin embargo, dio sensación de peligro porque el equipo de «Mou» está partido y algunos de sus jugadores, pasados de revoluciones.

Casillas continúa siendo una garantía. Arbeloa es la sobriedad, sin alardes. Pepe, la ruleta rusa. Sergio Ramos, una exageración: vio la primera tarjeta del partido y antes le perdonaron dos. Él y Pepe en el centro de la defensa son un agujero. Marcelo es un valor en alza y sus entradas por la banda suelen llegar hasta la portería; una referencia en vanguardia, una salida del balón. Lass se vacía sin brillo. Xabi Alonso interviene a menudo y de tarde en tarde inventa un pase en profundidad. Khedira es la sombra del jugador que deslumbró con Alemania en el Mundial.

Higuaín está desaparecido, no da una y se le empieza a notar la ansiedad, como si Cristiano se la hubiera traspasado. Benzema disfrutó de 57 minutos para ganarse el puesto, hizo todo lo que le dijo su entrenador y no aportó absolutamente nada. Un fracaso. Cristiano Ronaldo, la isla, es la imagen de la desesperación: no le sale el uno contra uno ni contra medio, tiene el punto de mira en la inopia y, dada su contribución al equipo, empieza a parecer un fichaje carísimo.

La entrada de Mahmadou Diarra por Gonzalo Higuaín en el minuto 85 fue la constatación de la impotencia del Madrid: tiene recursos, pero le falta capacidad para mejorar sus resultados. Hoy por hoy es un equipo desorganizado, pasado de revoluciones, un quiero y no puedo, y vulgar.
Eso sí, José Mourinho es muy «salao».