Europa

Bruselas

Rectificación o desahucio

La Razón
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Como consecuencia de su propia irresponsabilidad al anunciar de forma unilateral un referéndum sobre el plan de ajuste económico, el primer ministro griego, el socialista Papandréu, se ha colocado ante una disyuntiva terminal y demoledora: o bien da marcha atrás y sale del Gobierno por la puerta de atrás, o precipita a su país fuera del euro, lo que equivale a condenar a los griegos a un largo periodo de marginación y pobreza. Europa ha agotado ya sus reservas de paciencia con un socio mal gobernado y pésimamente gestionado, y no parece estar dispuesta a malgastar más tiempo y más dinero en él. Así se deduce de las tensas reuniones celebradas ayer en Cannes a diversos niveles. Tanto Sarkozy como Merkel se muestran inflexibles, hasta el punto de congelar la ayuda de 8.000 millones aprobada el 21 de octubre, que formaba parte del primer plan de rescate. Sin ese desembolso, que estaba previsto hacerse efectivo a mediados de este mes, Atenas no tardaría en quedarse sin fondos y su economía se colapsaría inexorablemente. Tampoco los demás socios saldrían indemnes y deberían arrostrar las consecuencias, impredecibles incluso para los expertos, tanto de naturaleza económica como política. No hay duda de que la mera hipótesis de que un país de la UE pueda abandonar el proyecto común supone un duro golpe a la construcción de Europa.

Pero sería todavía más dañino que, por temor a afrontar esa cirugía dolorosa, la zona euro se sumara a un suicidio colectivo. Porque a eso ha conducido la nefasta gestión de Papandréu, al suicidio de una economía y de un país que parecen haber renunciado al futuro. Lo razonable, tras el caos provocado por la absurda proposición del referéndum, es que el primer ministro griego ponga fin a su mandato y convoque elecciones sin demora para que el pueblo griego elija entre quienes proponen seguir la senda marcada por los demás países europeos o elegir su propio camino, al margen de las condiciones y exigencias de Bruselas. La sociedad helena está en su derecho de tomar la decisión que prefiera, pero los demás también tenemos derecho a elegir a nuestros compañeros de viaje. En cualquiera de los casos, es evidente que el futuro de Grecia pasa por la retirada de unos gobernantes que han mentido a sus ciudadanos, han engañado a sus socios y no han estado a la altura que exigían los tiempos. Por lo demás, Europa, y con ella Estados Unidos y las economías emergentes, tienen ante sí retos más importantes y decisivos que el griego, y no pueden bloquearse por cuitas menores. A eso se van a aplicar los líderes del G-20 que hoy se reúnen en la localidad francesa de Cannes. El objetivo principal es acordar decisiones que restauren la confianza mundial, apuntalen el crecimiento, creen empleo y consoliden la estabilidad financiera. Europa no es la única responsable de los desequilibrios mundiales; también la Administración Obama necesita con urgencia un plan de consolidación fiscal que reduzca drásticamente el déficit desbocado y frene el crecimiento de la deuda. De ello depende la confianza que necesita la economía mundial para salir del túnel.