España

Estrella con ínfulas por Julián García Candau

La Razón
La RazónLa Razón

A Lionel Messi lo teníamos por deportista ejemplar. No sólo por sus excelentes condiciones futbolísticas, sino también por su modo de ser. Era modosito, buen compañero, nada petulante, en absoluto prepotente. De Messi se ponderaban siempre su solidaridad y su capacidad para formar pareja con cualquier jugador que a su lado le siguiera en la creación de jugadas electrizantes. Era generoso en el pase. Tenía todas las virtudes que se pueden adjudicar a estrellas que lo son sin hacer ostentación de ello.

En la pasada temporada tuvo un altercado con su compañero Tello y se salió de madre con algún jugador canterano en un entrenamiento. Pero esto eran pequeños roces propios de la intensidad del juego. El sábado, en el partido contra el Granada, en los minutos en que el equipo barcelonista no alcanzaba la meta de la victoria tuvo un rifirrafe con David Villa y lo vio toda España y Nueva Zelanda sin ir más lejos.

Sorprendió al personal que Messi la emprendiera contra Villa por no pasarle el balón. El jugador asturiano ha salido de larga lesión, jugaba su primer partido desde el comienzo y es natural que busque el gol que reivindique su presencia en la titularidad. Todos necesitaban marcar porque el partido se les iba de las manos y crecieron los nervios. Messi protagonizó el espectáculo más inesperado. No hubo disimulo alguno y sirvió para que saliera a relucir la historia, más o menos cierta, de que entre ambos no hay mucha conexión. Messi ha sentado plaza de estrella con ínfulas. Los ídolos tienen lado oscuro. Dicen que se abrazaron. Mejor.

Posdata. Vientos de fronda en Mestalla, Pellegrino ofrece dudas. Lo de siempre.