Formas de vivir por Cecilia García

Tamara Falcó, el sábado pasado, en Sotogrande
Tamara Falcó, el sábado pasado, en Sotogrande

Tamara Falcó, esa mujer que habla tan acelerada que hace falta un curso de logopedia para seguirla y entenderla, le dedica a la Prensa unas palabras sobre la separación de su padre con el que, supongo yo, para cicatrizar heridas, se fue a San Petesburgo. Es lo que tiene el dinero. En el mismo trance de Carlos Falcó, la mayoría se va a la piscina de la urbanización o a Chinchón, que queda cerca y no es cuestión de despilfarrar tras una separación. En fin, Tamara, que quiere mucho a su progenitor, no perdió la ocasión de ver a su madre, Isabel Preysler en la Costa Azul, que no es lo mismo que verla, y disfrutarla en, pongamos por caso, Albacete; allí dudo de que Tamara compartiese el amor de madre y su cita la postergara para el otoño en ambientes con menos mosquitos.

Me irrita desde hace tiempo que los famosos, o gente con poderío económico, nos cuenten sus penas con ventanas al mar en los ambientes más selectos. Será envidia, porque a mí me da un chungo amoroso y termino donde empecé, en Carabanchel rumiando la pérdida, y es un estado asceta que ya querría para sí el «Simón del desierto» que filmó Buñuel. Como los monos de Gibraltar me quedo, muda, ciega y sorda. Hay cosas que no necesito saber. Pero con los famosos eso no pasa: se rompe una relación y largan y alargan el duelo con la ventaja de que se sacan algunos euros. Son separaciones rentables, que rentan más incluso que la propia unión, porque los platós se convierten en los sucedáneos de divanes que ya creó Freud en sus horas altas. Ahora tenemos «La Caja», donde van famosos a verse a sí mismos por dentro para volver, después de «La Caja», a las aparencias. Es un espectáculo poco creíble, pero que entretiene un rato; ahí está el pecado y la penitencia.

Mientras, el verano transcurre como se preveía: mucho Ibiza, algo de Formentera y poco en Palma y tibio renacer de Marbella. En Palma con los Reyes con trabajo de más y sus hijos, con deberes menos. ¿Y?, lo digo por los periodistas y paparazzi del corazón que se sienten desvalidos, privados de la caza mayor y rastreando la caza menor que daba para poco o nada. Menos mal que salió la Duquesa de Alba con un comunicado estremecedor: por sinceridad y contundencia. Se casa y punto. Espera que vayan todos sus hijos, pero me da a mí que Eugenia se saldrá por la tangente con un viaje a última hora. Si sucede, será un desaire que no procede, más que nada porque su madre es feliz. Un pelín de autenticidad en el verano, tan dado a las palabras sin decir nada, no está nada mal.