Un buen bastón

 
 

El mejor amigo del ser humano normal cuando veranea en sitios muy entregados al deporte. Sotogrande y Comillas, principalmente. A las 9, pádel; a las 11, playa con plancha o «windsurf»; a las 13, aperitivo sin alcohol. Comida frugal. Corta siesta. A las 16, partido de tenis mixto. A las 19, ya en la atardecida, veinte largos en la piscina. A las 21, un poco de «jogging» para desentumecer los músculos. Cena. A las 12:15, la gran decepción matrimonial. «Jimmy, algo te está fallando». Lógico. Le falla todo.

Para no decepcionar a quien comparte la cama del deportista, lo mejor es la adquisición de un bastón. Es muy fácil simular un esguince. «Jimmy, ¿pádel a las diez?»; «imposible, Johnny, ayer me hice un esguince en la playa». Suena el móvil. «Jimmy, ¿bajamos el Sella en piragua?»; «imposible, Pit, ayer me hice un esguince en la playa». Y así sucesivamente hasta el centenar de propuestas de planes deportivos.

El bastón realza el respeto. Se puede usar también para señalar la linde de una propiedad campera al invitado. Se alza el bastón y se mueve en dirección de izquierda a derecha o de derecha a izquierda, según se ubique la propiedad. «Por ahí, por aquella cuerda, va la linde de mi campo».

Siempre campo y jamás «finca». El que dice «tengo una finca en Cáceres» de tener barco hablaría del «yate». La finca no existe. De ser urbana, sólo se admite la voz «solar». Quien propone «pasar el fin de semana en la finca» es muy capaz de sacar un álbum de firmas y hacerle escribir al invitado toda suerte de bobadas para recordar su estancia. Quien propone «cazar en la finca» guarda, con toda seguridad, pétalos secos en un libro y un sobre con pelo de su primera novia en otro. Otra cosa es referirse al campo con su nombre: «¿Te divierte pasar unos días en «El Horcajuelo?». «Lo que más en este mundo. Gracias, Luis». Y uno se va a «El Horcajuelo» feliz de la vida.

Un bastón a mano es fundamental. Paseo bucólico. Perro que surge de una casa particular. Perro que pasa del ladrido al gruñido y del gruñido a la exposición de la dentadura con exageración de colmillos. A falta de una buena escopeta, el bastón bien utilizado introduce en la confusión al desagradable ser canino. Si se trata de un perro de tamaño medio o enano, el bastón hay que usarlo de inmediato. De ser un mastín, un dóberman, un rottweiler o un terrier inglés loco, el bastón no sirve para nada, pero la mutilación o la muerte sobrevienen con mucha más dignidad.

Y el bastón es imprescindible para cojer moras en septiembre. Las buenas siempre se hallan en los altos de las matas silvestres, que a su vez están abarrotadas de pinchos. A fuerza de bastonazos caen las moras y se puede condimentar una buenísima mermelada que nadie prueba posteriormente. Está bien hacer mermeladas de mora. Pero jamás para probarlas.