América

La mafia se apunta al surf

Cuando se tiene en frente a Don Winslow, uno no sabe bien si encaminar la conversación hacia su libro más reciente, «El invierno de Frankie Machine» (MR ediciones), o si centrarse en el autor neoyorquino. Su vida es, de por sí, de novela: fue actor y guía de safari, entre otras profesiones. También detective privado. Hasta que la escritura se metió en su vida.

«El poder del perro» fue su gran éxito. Ahora vive en California y surfea en sus ratos libres: de hecho, el mundo de las olas se cuela entre líneas en esta historia de mafiosos en San Diego. Además, Winslow escribirá un total de seis «thrillers» con el surf como telón de fondo: «The dawn patrol» y «La hora de los caballeros» son las dos primeras, ya escritas, que MR traerá a España. «Me encanta el surf –confiesa el autor–, para mí es una metáfora de la escritura de novela negra: lo que es fascinante en ambos casos es que lo que ocurre en la superficie no tiene nada que ver con lo que sucede por debajo». En «El invierno de Frankie Machine» nos hace encariñarnos con su protagonista, un sesentón agradable: trabajador, atento, con clase (y sí, surfero con canas)... Hasta que el pasado llama a su puerta y deja de serlo.

Cierta «ética»
Lo curioso es que, cuando conocemos su vinculación a la mafia, sigue siendo un anti héroe con el que se empatiza: «Para él, lo que hace no es muy diferente a la labor de un soldado. Tiene una cierta ‘‘ética'' al respecto. Y hay reglas que sigue: no mata civiles, no daña a la familia de nadie... Todos sus asesinatos tienen que ver con criminales. En ese sentido puedes llegar a respetar a Frankie Machine», explica Winslow. A través de su historia entramos en contacto con el entramado criminal que vincula a las familias mafiosas de toda Norteamérica. «Todo eso es cierto: a través de un personaje ficticio como es Frankie Machine, quería retratar la historia de la mafia en esa zona de América», explica el autor, que se adentra en las movedizas arenas de la política y la corrupción: «Las historias sobre la mafia y los Kennedy son bien conocidas, incluidos sus dramáticos finales. Nunca sabremos la verdad al completo pero yo creo que los asesinatos de John y Bobby están relacionados. Lo que se conoce menos es la relación del Partido Republicano, a través de Richard Nixon, con los mafiosos. Nixon vino a California, necesitaba limpiar dinero de su campaña y estos chicos estaban disponibles. Más adelante, le ayudaron a lograr el apoyo de Hoffa y los sindicatos para su reelección». Y cuenta que, «cuando Nixon cayó en desgracia en 1975, ninguno de sus amigos de la política quería tener nada que ver con él: hasta que estos mafiosos lo llevaron a jugar al golf. Eran tipos con los que antes no quería que se le viera en público, pero le demostraron una extraña lealtad». Y asegura que los vínculos con el poder se mantienen: «En cualquier momento en que haya mucho dinero habrá corrupción. Eso no varía. Dudo que EE UU sea más ni menos corrupto que cualquier otro país. Lo que cambia de un político a otro es cómo hacen las cosas: puede ser dar dinero a cambio de votos o financiarse de modo ilegal. Una cosa es cierta: a veces me cuesta distinguir entre los criminales y los gobiernos».

Asegura Winslow que la gran referencia del género, «El Padrino», ofreció un retrato demasiado romántico de los mafiosos: «Ves esa imagen y te transmite nobleza. En la película, Brando era casi un dios, y Pacino resulta muy atractivo, apela a muchas fantasías». Y matiza, sobre el estereotipo del gángster, que él lleva al Oeste de EE UU: «Las historias de mafiosos de la costa este ya han sido contadas muchas veces y muy bien por los De Niros y Scorseses. En la costa oeste las cosas se hacen de forma más caótica: todo está menos organizado, es algo más patoso. Algunos de los estereotipos, sin embargo, son ciertos, y la cultura mafiosa es igual a la de otros sitios».


Entre De Niro y Oliver Stone
«El invierno de Frankie Machine» ha encontrado un «novio» de lujo en el cine: «Cuando el libro era aún un manuscrito en manos de mi editor, Robert De Niro me llamó y me dijo que quería ser Frankie Machine», cuenta Winslow. Otra de sus obras, «Savages», también saltará al celuloide: «Oliver Stone me sorprendió. Imagínate; levanté el teléfono y era él. ¿Qué dices cuando te llama un director oscarizado para cenar? Pues, ¿dónde y cuándo?», cuenta el autor.

Y reconoce que, previamente, ya tenía en mente rostros con nombre y apellidos: «No puedes escribir sobre la mafia y no pensar en "El Padrino", "Uno de los nuestros"o "Los Soprano". Hay que reconocer que eso es así y, a partir de ahí, olvidarlo», deja claro.