Desarme de ETA

Asqueroso

La Razón
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Me parece asqueroso que se tome en serio una llamada «conferencia de paz» organizada por los amigos de los terroristas. Me parece asqueroso que el Gobierno de España no haya tratado de impedir el insulto y la farsa. Me parece aún más asqueroso que el Gobierno de España, como ha reconocido José Blanco, conociera la asistencia de los más altos dirigentes del PSE-PSOE a la ignominiosa reunión. Me parece asquerosa la actitud del «Lehendakari» López y la del inefable Jesús Eguiguren, el socialista más cercano a Batasuna. Me parece asqueroso que los que matan hablen de la paz, cuando la única paz que ellos han conseguido es la de mil tumbas en los cementerios de España. Me parece asqueroso que el PNV apoye la falacia. Me parece asqueroso que un sector de la iglesia vasca persista en su afán de establecer equivalencias entre los asesinos y sus víctimas. Me parece asqueroso que el PSOE albergue su única esperanza de recuperación electoral en un comunicado de la ETA. Todo me parece asqueroso.

Siento repugnancia por todos los políticos que están haciendo el juego a los asesinos. Siento repugnancia cuando he leído que la ETA exige honores, reconocimientos e indemnizaciones a los terroristas. Siento repugnancia cuando advierto que el PSOE no sólo no se opone a la deleznable farsa sino que manifiesta entusiasmo por ella. Siento repugnancia por la complicidad de algunos socialistas con todos los terroristas.

Me avergüenza como ciudadano español y contribuyente saqueado por la depredadora política fiscal del Gobierno, que se use el dinero público en la promoción de esta reunión indigna. Me avergüenza como ciudadano español constatar la pasividad de nuestra sociedad ante semejante recochineo con las víctimas del terrorismo, con sus familias y con sus amigos. Me avergüenza como ciudadano español que la síntesis de la perversidad se haya extendido sobre nuestras cabezas con tanta eficacia y naturalidad. Me avergüenza como ciudadano español la nacionalidad de algunos de mis compatriotas, y en concreto, de destacados dirigentes de la Izquierda.

Vomito de asco con la conferencia de esa «paz» bañada en sangre. Vomito de asco por la cobardía, o la mansedumbre o la complicidad de personas aparentemente normales ante y con los terroristas. Vomito de asco por la presencia de un grupo de gamberros extranjeros que vienen a «verificar» lo que ya está sobradamente verificado, que el terrorismo asesina y la sociedad pacífica es asesinada. Vomito de asco cuando leo que compañeros de partido de decenas de víctimas –el PSOE–, no desean la derrota de la ETA y propugnan un acuerdo en el que no haya vencedores ni vencidos. Vomito de asco con la permisividad de nuestros gobernantes con la destrucción de España. Y cuando ya no me queda nada por vomitar, siento un asco infinito, brutal e inmisericorde por todo lo que está sucediendo.

Jamás me he sentido tan engañado, tan vejado y tan herido como ahora. Jamás me he sentido tan brutalmente estafado. Jamás me he sentido tan despreciado por los irresponsables que nos gobiernan, y que ojalá, dejen de hacerlo el próximo 20 de noviembre.

Esto no es un desahogo ni un grito airado. Son las nueve de la mañana del sábado 15 de octubre, me encuentro en perfectas condiciones físicas y mentales, y escribo con serenidad. Asqueroso.