Historia

Israelíes y españoles

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En España la expulsión es un recuerdo que se machaca en la escuela. He pasado unos días en varios países de Oriente Medio, y en Israel he podido comprobar que el nombre de España suscita las mismas asociaciones que en cualquier otro. Las dos primeras son el Real Madrid y el Barcelona. (El Barcelona es un club español, claro está, y Barcelona una ciudad conocida e importante porque está en España). Después vienen Ibiza y en algún caso El Corte Inglés. Otra cosa son las minorías. Es posible que la expulsión de los judíos, ocurrida hace más de quinientos años, suscite algunas suspicacias. Aun así, en general la palabra de España provoca simpatía y una sonrisa de amabilidad, como lo hacen pocas, por no decir ninguna, de las demás nacionalidades europeas. En España la expulsión es un recuerdo que se machaca en la escuela, en vez de insistir en todo lo que los españoles judíos aportaron a nuestro país y a nuestra cultura durante siglos, y en todo lo que España, gracias a las comunidades españolas judías, aportó a la historia y a la cultura europea y universal. El cliché de nuestra intolerancia se sigue cultivando, a pesar de lo cual los españoles se sienten orgullosos de su pasado judío. Muchos de ellos están convencidos de que tienen antepasados judíos, algo históricamente improbable. A otro nivel, los eruditos españoles vienen realizando desde el siglo XVIII un esfuerzo ingente por recuperar el legado de aquellos hombres. Hicieron de ese legado, como del legado de los españoles musulmanes, una de las claves de nuestra identidad nacional, y eso mucho antes de que Américo Castro y sus seguidores formularan esta identidad compleja como una cuestión problemática y dolorosa. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre España e Israel, del que se ha conmemorado este año el 25 aniversario, vino a corregir un paréntesis excepcional en nuestra historia, como fue el del régimen de Franco. Es seguro que la casi total ausencia de judíos en nuestro país durante mucho tiempo contribuyó a formar un cliché aberrante del «judío», todavía presente a veces en alguna costumbre. También es probable que de haberse reanudado antes las relaciones, ese cliché se habría ido disolviendo antes. Un indicio de que las cosas podían haber sido distintas es la evolución del centro derecha español en los últimos veinte años. Ha pasado de una desconfianza cierta a un respaldo firme a Israel. Se podrían dar muchos ejemplos, desde figuras políticas como José María Aznar, hasta medios de comunicación. Todos los conocemos y sabemos el trabajo realizado. En cambio, los resabios antijudíos que siguen formando parte del paisaje político y cultural español vienen promovidos desde posiciones políticas de izquierda. Desde que Felipe González restableció las relaciones diplomáticas entre los dos países, estas posiciones se han ido radicalizando cada vez más. Como no podía ser menos, esta radicalización ha mediatizado la percepción que los españoles tienen del significado y la posición de Israel y de su realidad política. Cualquier análisis de las relaciones entre los dos países ha de tener en cuenta este hecho.