Melancólicos del mundo

Kazuo Ishiguro«nocturnos»Anagrama256 páginas. 17 euros

En 1983, Kazuo Ishiguro (nacido en 1954 en Nagasaki, pero ciudadano de Londres desde los años sesenta) apareció en la prestigiosa revista «Granta» (junto a otros jóvenes de entonces como Martin Amis, Ian McEwan y Julian Barnes) como una verdadera promesa literaria inglesa. De todos ellos, que formaron parte del famoso Dream Team británico, Ishiguro no era sólo el extranjero. Era, también, el menos prolífico, el menor: aún no había cumplido los treinta años y había publicado una novela: «Pálida luz en las colinas». Los premios, y los libros posteriores, confirmaron que la promesa, además, se había hecho realidad: en 1986, con «Un artista del mundo flotante», Ishiguro se llevó el Whitbread y, tres años más tarde, ganó el Booker por «Lo que queda del día». Tres novelas después, y tras haber transitado por los moldes de la narrativa centroeuropea con «Los inconsolables» y por el thriller y la ciencia ficción en «Nunca me abandones», en «Nocturnos», su primer libro de cuentos, Ishiguro vuelve a maravillar con su prosa cristalina y contenida, a la vez que desconcierta y sorprende, con cinco historias breves, cinco movimientos unidos por el vaivén de la música y el sonido pero, también, por su falta de luminosidad en el amanecer de los crepúsculos. Una serenata romántica por los canales venecianos, una relación enferma entre un neurótico y su esposa y el amigo, el paisaje boscoso donde un compositor de canciones pop se refugia de su crisis musical, dos pacientes de una clínica de cirugía estética que reflejan el negocio de la industria cultural y el vínculo tortuoso, febril, entre dos ejecutantes de chelo reunidos al borde de la mediocridad son algunos de los personajes que, en estos cuentos mecánicos, rígidos, respetuosos de las convenciones del género, deambulan, melancólicos, por sitios que pueden ser Londres, Italia o España, lejos de las luces de la fama y del punto de partida.

Más allá de la unidad temática, es posible que estos cuentos también se hallen relacionados por un sentido equívoco del éxito, por la incertidumbre que conlleva el ejercicio de un arte amenazado por el espectáculo y la vulgaridad y donde las fronteras entre el reconocimiento y el anonimato se diluyen al compás de una vocación. En cualquier caso, leídos de manera independiente, en estos relatos se percibe el oficio de un narrador exquisito, pero cuya profundidad y destreza se amolda mejor a la densidad de sus novelas, al estilo poderoso que impregna sus historias de largo aliento.