Marina Abramovic vida y muerte en el Teatro Real

Se ha manchado de sangre, ha llevado a cuestas un esqueleto, permaneció sentada 700 horas frente a los visitantes del MoMA. Ahora quiere transformar su vida en una ópera, «Vida y muerte de Marina Abramovic». Mortier le ha dado el visto bueno.

Marina Abramovic
Marina Abramovic

Marina Abramovic (Belgrado, 1946) es conocida por llevar su cuerpo al límite, aunque para ella la piel es un mero caparazón. Poco más. Asegura que lo que importa es la mente. Se ha rajado el vientre con cuchillas, ha comido cebollas sin despeinarse y se ha sentado inmóvil frente al público durante 700 horas en una desnuda sala del MoMA en su último proyecto, «The Artist is Present». Pero lo mejor está por llegar. «Vida y muerte de Marina Abramovic», de cuatro horas de duración, pondrá a prueba al público del Teatro Real. Su director artístico y musical, Gerard Mortier, admirador confeso de esta madre-abuela (imposible creerse que ha celebrado ya su 64 cumpleaños) de la «performance» ha querido incluirlo dentro de la programación de 2012, aunque se verá en los Teatros del Canal. Semanas atrás el gestor belga se reunió en Madrid con los pesos pesados del montaje, casi en un encuentro secreto, una primera toma de contacto para la que rehusaron una foto de familia.

Una vida de espectáculo

En julio abrirá fuego en el Festival Internacional de Manchester (que coproducirá el insólito montaje) en forma de biografía de esta mujer que lleva el arte al extremo, un proyecto en el que han colaborado el actor Willem Dafoe y que ha reimaginado el director teatral Robert Wilson, encargado de la puesta en escena. El espectáculo repasa la vida y carrera de la serbia desde su infancia hasta su época como artista. Incluye canciones escritas e interpretadas por Antony & The Johnsons.

Abramovic quiere entrar por la puerta grande del coliseo. Su vida de todos es sabido que no es cualquier cosa; su funeral, tampoco lo será: «Va a ser interesante la reacción del público, especialmente en un teatro como el Real, porque tengo referencias de que es bastante clásico, antiguo, diría yo. Creo que nadie ha visto nada así aquí y estoy segura de que será interesante. Y refrescante», apunta la yugoslava. Y Mortier lo subrayaba tiempo atrás: «El arte de la ópera necesita desarrollarse en nuevas formas hacia el futuro, lo que significaría nuevos compositores, pero también proyectos desarrollados por excelentes artistas visuales, actores o cantantes que no tengan que ser cantantes de ópera. Antony, por ejemplo, aporta un lirismo que, junto con el trabajo de Bob Wilson y Marina Abramovic, hará de esta producción una ópera real. Exactamente como a Monteverdi le habría gustado», destaca el belga.

Abramovic adelanta que Willem Dafoe dará vida a Ulay, el artista alemán que fue su pareja hasta finales de los 80 y de quien se separó dolorosamente. «La acción arranca con el funeral de Marina. Todo es negro. La escena de apertura está llena de perros y carne fresca. Es entonces cuando se escucha la música, apocalíptica. Después de esa escena retrocedemos a la infancia.

Lo más interesante es que no nos centremos en mi trabajo, sino en mi vida. ¿Habíamos dicho que todo era negro? Pues después se vuelve blanco», explica la artista, como si fuera una maestra frente a un alumno púber. Viste generalmente de negro, en claro contraste con su oficina de Manhattan, complementamente blanca. Y continúa con la explicación de este arriesgado proyecto: «Es fantástico romper las reglas y la tradición. La ópera es un dinosaurio dentro del arte. Hay un público que desea verla en su sentido clásico, sin un solo cambio, y acaba por convertirla en un espectáculo hermético. Las reglas se deberían romper porque el arte es libertad. La experiencia será enriquecedora para un público elitista como el de este teatro. Un cambio como éste es necesario. Démosle otro punto de vista y abramos las ventanas para que entre el aire fresco», dice la artista de «performance art» que apenas participa en proyectos teatrales .

Encuentro en China

«Cuando caminé por la Gran Muralla en 1987 para decir adiós a Ulay, que era mi compañero de años (cada uno se situó en un extremo, tardaron tres meses en encontrarse y cuando lo hicieron se despidieron para siempre), me resultó muy difícil volver a trabajar. Incluso pensé en llevar mi vida al final», explica la artista, a quien hasta entonces nunca le había gustado el teatro «porque las cosas no son reales», se justifica. «Pero pensé que podría servirme como terapia el llevar mi vida al teatro y poder crear de esta manera cierta distancia entre mí misma y el dolor que se produce en mi vida privada», prosigue. Le sirvió para tomar una decisión: cada seis o siete años debía contar con un director diferente para llevar su vida a un escenario con la condición de que ella suministraría todo el material así como los textos al responsable correspondiente. El equipo tiene libertad total a la hora de trabajar y Abramovic acepta el resultado final, sea cual fuere. Ése es el trato. La artista está sorprendida con la idea que ha pergeñado Bob Wilson: «Quiere que me interprete a mí misma y a mi madre, que ha sido la pesadilla en mi vida debido a la relación que mantuve con ella». Explica que recibió una educación muy estricta. Sus progenitores fueron partisanos en la Segunda Guerra Mundial: Vojo, su padre, comandante aclamado como héroe nacional, y su madre, que estuvo también en el Ejército, se convirtió en directora del Museo de la Revolución y Arte en Belgrado. «Cedo con este montaje el control de mi vida. Se lo entrego a un creador, con lo que conlleva de difícil y peligroso, pero es una decisión personal que tomo con libertad». En escena se podrá ver a tres Marinas en distintas etapas de su vida. «En todo lo que hago me entrego completamente. El público tiene dos caminos: lo toma o lo deja». En este caso, será el del Real al que le toque decidir qué va a hacer con Marina Abramovic.


Retrospectiva
No sólo música. No sólo teatro y no sólo el guión de una vida para deslumbrar a un público que, seguro, no saldrá de su asombro. El estreno en Madrid de este «musical-ópera-performance» tendrá su casi obligada contrapartida museística, como claramente corresponde a una artista de la talla y la controversia que suele rodear a Marina Abramovic. El Reina Sofía no quiere dejar pasar esta oportunidad que se le brinda para tener a la artista en sus paredes. Y, aprovechando el estreno del montaje, quiere hacer una gran retrospectiva dedicada a esta mujer, con tantos seguidores como detractores, que entiende el arte de una forma que a nadie deja indiferente. El objetivo es repasar toda la trayectoria de esta dama de las grandes «performances».

Para ello, el Reina Sofía prevé traer la misma exposición que el año pasado se inauguró con éxito en el MoMA de Nueva York. Una revisión que contempla la exposición de las instalaciones, vídeos y fotografías más emblemáticas y significativas de su trayectoria. Quizá, incluso, el recorrido depare sorpresas a los visitantes que acudan a estas salas en forma de «performance» que a más de uno dejará con los ojos de par en par.