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Aquí vivió el Rey David

Las ruinas del lugar donde David estableció la capital de las Tribus de Israel hace más de 3.000 años se sitúa en la parte Este deJerusalén, anexionada en 1967 tras la Guerra de los Seis Días.

  • El historiador Oren Sapir y el director de la Fundación Ciudad de David,Yehuda Mali, muestran algunas de las piezas encontradas
    El historiador Oren Sapir y el director de la Fundación Ciudad de David,Yehuda Mali, muestran algunas de las piezas encontradas

Tiempo de lectura 8 min.

07 de mayo de 2010. 21:40h

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7/5/2010

El arqueólogo inglés Sir Charles Warren no se lo pensó dos veces. Se guardó un trozo de papel en el bolsillo, sujetó con la boca el lápiz que le permitiría dibujar un mapa de lo que fuera descubriendo, se arrodilló y empezó a gatear por el túnel que acababa de descubrir en un manantial de la parte Este de Jerusalén. No sabía que al otro lado encontraría las ruinas  que atestiguan el origen del pueblo hebreo descrito por el Antiguo Testamento.

Era el año 1886. Warren había insistido a las autoridades turcas, que por entonces gobernaban  la ciudad de Jerusalén, para que le permitieran excavar dentro de las murallas de la Ciudad Vieja, pero le denegaron todos los permisos. Así que el inglés, militar e ingeniero de formación, decidió empezar su búsqueda de restos históricos fuera de los muros. Caminó 500 metros hacia la parte este y encontró un manantial: «Si hay agua, seguro que alguna civilización construyó por aquí», pensó. Dicho y hecho. Dentro del manantial encontró el túnel y es entonces cuando, lápiz en boca para registrar cualquier hallazgo, se lanzó a la búsqueda de la luz al otro lado...

Y no tardó en encontrarla. El túnel le llevó a las ruinas de la antigua ciudad amurallada que el Rey David conquistó a los jebuseos (fundadores de la ciudad de Jerusalén) tras ser reconocido por las doce tribus de Israel y que convirtió en su capital denominándola Ciudad de David (Ir David, en hebreo) en el año 1000 a.C.  Décadas después, su hijo, el Rey Salomón, construyó el Primer Templo dentro de estas murallas, en lo alto del monte Moriah, lugar al que Abraham llevó a su hijo Isaac para sacrificarlo cuando Dios así se lo pidió para ponerlo a prueba.

Descripción literal
La urbe, o más bien los vestigios que el paso de los milenios, las guerras y las conquistas han dejado, coincide en lo fundamental con la descripción hecha por los libros del Pentateuco del Antiguo Testamento (que corresponden a la Torá judía) del lugar donde se encuentra la Tierra Prometida.

Desde los tiempos de Charles Warren hasta la actualidad no se ha parado de buscar y de encontrar restos históricamente significativos. Sin duda el más importante son los restos del Primer Templo, el que el Rey Salomón construyó alrededor del año 960 a.C., 40 años después de la conquista de la urbe por parte de su padre, David, y que durante siglos guardó el arca de la alianza, que según la tradición judía y cristiana atesoraba las tablas que contenían los Diez Mandamientos que Dios entregó a Moisés en el Monte Sinaí.  El arca, cuya misteriosa desaparición ha sido el centro de las más míticas leyendas, no sólo era un cofre sagrado, sino que se la consideraba un arma capaz de proteger al pueblo elegido.

Pese a su significación histórica, el territorio que ocupa la cuna arquitectónica del pueblo judío quedó fuera de los territorios asignados por Naciones Unidas para el Estado de Israel en 1948, pero fue conquistada en 1967 tras la Guerra de los Seis Días.

Desde el momento en que el país hebreo anexionó los terrenos sobre los que yacen los orígenes de su pueblo, los trabajos de excavación se han intensificado: «A finales de los 70 se le da un gran impulso a la excavación y desde 1994 cerca de un centenar de personas trabajan a diario en busca de más restos», comenta Oren Sapir, uno de los historiadores que trabaja en los yacimientos y que han estado en España contando los últimos restos encontrados junto al director de la Fundación «Ir David», Yehuda Mali.

Fuera de las murallas
Resultó, pues, que la urbe descrita en la Biblia estaba enclavada fuera de las murallas de Jerusalén. Situadas apenas a 500 metros de la ciudad vieja, las ruinas de la Ciudad de David son la prueba fehaciente de que todo lo que el Antiguo Testamento describía ocurrió realmente hace 3.000 años en territorio del actual estado de Israel.

Las reliquias halladas entre la tierra son numerosas y muchas  tienen su prueba literaria en alguna parte de las Sagradas Escrituras. La ciudad que David arrebató a los jebuseos que la  habitaban se ha revelado bajo la arena prácticamente idéntica a como era hace 3.000 años, pero con los añadidos que le hizo el pueblo hebreo, como un Palacio Real, identificado hace apenas 12 años gracias a piezas decorativas de cerámica, algunas con letras en hebreo antiguo, encontradas entre la tierra por la doctora Eilat Mazar, arqueóloga de la Universidad Hebera de Jerusalén.

Otros hallazgos realizados a lo largo de los años en las profundidades de la conocida como ciudad de David dieron la pista de a qué edificios arquitectónicos correspondían los restos deslavazados que se iban identificando, como los 60 sellos para lacrar documentos con inscripciones referidas a Yuhal, el hijo de Shelemiah, mencionado en el Libro de Jeremías (capítulo 37 y 38) y ministro del Gobierno de Jerusalén hace 2.600 años. Estos sellos sirvieron para confirmar que allí se erigía otrora el Palacio del Rey David.

Siglo a siglo la Ciudad de David recoge los avatares de la milenaria historia de los hebreos en Tierra Santa. Entre las ruinas, hay restos de madera quemada datada del siglo VI antes de Cristo y que coincide con la época en la que los babilonios destruyeron la ciudad y que supuso el final del periodo del Primer Templo en la historia de Jerusalén. También hay muchas puntas de flecha, afiladas y precisas, de las que solían utilizar los babilonios.

Algunos de los hallazgos se hicieron por casualidad. En 1880 dos niños se bañaban dentro de un túnel –una galería construida hacía 2.700 años para desviar el agua de una parte a otra de la ciudad, desde el manantial hasta el estanque de Siloé, para garantizar el suministro en caso de ser atacados– y allí encontraron una inscripción. El maestro la copió del hebreo antiguo y tradujeron que era un grabado conmemorativo del lugar donde se habían encontrado los dos grupos que habían empezado a perforar el túnel de uno y otro lado de la ciudad. La pieza que contiene el grabado está actualmente expuesta en el Museo Arqueológico de Estambul.

«Todo lo que se ha encontrado nos da mucha información sobre qué pasó», explica el historiador Oren Sapir. Lo más asombroso para él «es que algunos objetos e inscripciones coinciden con lo escrito en las Sagradas Escrituras». Entre la grava, objetos también de otras épocas lejanas, pero no tanto de la historia. Como un pendiente con incrustraciones de esmeralda y perla de la época del Segundo Templo encontrados donde recientemente se había construido un párking. O restos de ceniza datados de la época (año 70 d. C.) en la que los romanos destruyeron la ciudad y expulsaron por casi dos siglos a los judíos de su tierra.
Las excavaciones siguen sacando a la luz, día tras día y a través de las más insólitas piezas descubiertas en la profundidad de las zanjas, retazos de una historia milenaria que nos concierne a todos. Momentos vividos y enterrados en una de las ciudades con más significado del Planeta.
 

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