Europa

Acabar con la matanza de las focas por José Antonio Vera

Esta próxima semana es bastante probable que se apruebe en Bruselas un texto consensuado por la Comisión, el Consejo y el Parlamento europeos para poner freno a la matanza de focas que cada año se produce en algunos países, particularmente en Canadá, Groenlandia, Namibia y Noruega. En Canadá se perpetra cada año la mayor masacre de focas del mundo, amparada por las leyes y por el Gobierno, en una cuota que en 2009 ha sido de 338.000 animales. En Groenlandia fueron 47.000; en Namibia, 80.000, y en Noruega, 15.000. Se trata de una práctica habitual para extraer piel para calzado, abrigos, cueros en general, y también aceite para motores, complementos vitamínicos, carne para animales domésticos y hasta los penes como afrodisíacos.

El Gobierno canadiense arguye que actualmente existe superpoblación de focas, por lo que favorece el aumento de las cuotas de caza y captura, con la idea de que en tres años se pueda llegar a la cifra de un millón. Tal es la inquina, que un responsable de Pesca y Agricultura de Terranova, llegó a declarar: «Quisiera ver muerto a estos seis millones de focas – o cualquiera que sea su cifra- muertas y vendidas, destruidas o quemadas. No me interesa lo que les pase. (..) Cuantas más mueran más feliz seré».

Los métodos de exterminio son realmente bárbaros. El más habitual, el aplastamiento del cráneo con hakapicks, bates, picos de hierro o palos con un garfio en una extremidad. Muchas de ellas (se cree que hasta un 40 por ciento), son despellejadas vivas. Otras son heridas pero no mueren, por lo que quedan mutiladas de por vida.

La inmensa mayoría son aniquiladas con menos de tres meses. El 95 por ciento, entre los 12 días y los 4 meses. A veces ni tan siquiera han probado alimento alguno, y apenas si han desarrollado habilidades para nadar. Se encuentran sencillamente sobre el hielo, donde son presa fácil de los cazadores con sus palos y garfios.

A veces se las pega pero no mueren de un solo golpe, de manera que se las gopea otra vez o se les mete directamente el gancho para arrastrarlas y quitarles la piel aún conscientes. Como decía, la justificación que dan las autoridades es que existe superpoblación, y que eliminando gran parte de ellas se reduce el impacto que éstas puedan causar en los peces, sobre todo en el bacalao. La realidad es que la causa del descenso de la población de bacalao está en el exceso de capturas por parte de los pesqueros. En cualquier caso, se trata de un planteamiento inaceptable.

La decisión de la UE, que se concretará finalmente esta semana, prohibirá la entrada en el territorio de la Unión de cualquier producto derivado de la foca. Quizás una decisión extrema, pues como es lógico las focas tienen sus ciclos de vida y parece razonable pensar que se empleen para diferentes usos, una vez que éste llega a su fin. Nadie cuestiona que los esquimales las utilicen para alimentarse. Pero es posible que se trate, hoy por hoy, de la única respuesta adecuada, para enviar de esta forma un mensaje claro y contundente a aquellos países en donde se cometen abusos.

Afortunadamente en Europa se tiene una gran sensibilidad con el problema, y de manera particular en España, donde hay aprobado un proyecto para salvar a la foca monje del Mediterráneo, uno de los diez mamíferos en mayor peligro de extinción del mundo. En nuestro país ocupaba la costa peninsular mediterránea, y también Baleares y Canarias, pero a lo largo del siglo XX fue desapareciendo, hasta el punto de que ahora apenas se producen avistamientos de ellas. La monje ha desaparecido en la mayoría de los países europeos debido a la persecución por parte de los pescadores, la reducción de la pesca costera, la contaminación y la destrucción de hábitas.

Nada que ver con la foca arpa o groenlandica, muy extendida en la península del Labrador, donde se perpetran las matanzas. Aunque al paso que van, cualquier día se llega a la misma situación.