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Obama defiende una idílica Al Andalus ante el mundo musulmán

Reconocimiento de Israel, renuncia al programa nuclear de Irán y derrota de Al Qaida, ejes de la alocución de Obama
 

  • Discurso efectista, pero sin cambios de fondo
    Discurso efectista, pero sin cambios de fondo / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

05 de junio de 2009. 03:21h

Comentada
5/6/2009

el cairo- «Sabemos que esta es la visión de Dios. Ahora, deber ser nuestro trabajo aquí en la tierra», concluyó el presidente estadounidense. Sus palabras arrancaron el sincero aplauso de Abu Ahmed, que siguió al detalle el discurso de Obama por televisión en la trastienda de su establecimiento. Como a la mayoría de los egipcios, Abu Ahmed simpatiza con Obama, porque «cualquier presidente que quiere la paz, me gusta».
El nuevo inquilino de La Casa Blanca ha sabido conquistar el corazón de los musulmanes, incluso el de los hostiles hacia la política exterior de EE UU, como los radicales islamistas. La vocación pacifista en Oriente Medio del presidente estadounidense parece haber convencido a Hamas, que le dio ayer la bienvenida en su visita a la región y le invitó a la franja de Gaza para entablar un dialogo directo.
La Administración Obama ha centrado su estrategia en la región en resolver el enquistado conflicto árabe-palestino. Aunque mantiene la fórmula de los «dos estados» como única solución al conflicto, el nuevo plan de paz estadounidense busca la implicación de todas la partes –palestinos, israelíes y países árabes de la región– para lograr un acuerdo de paz, ajustado a un equilibrio político ecuánime. Precisamente, ese equilibrio es lo que diferencia a Obama de la política de su antecesor, George W. Bush, que siempre jugaba a favor de Israel. El presidente americano, por el contrario, presiona al Gobierno de Benjamin Netanyahu para que cese la construción de asentamientos israelíes en territorio palestino. Pero Obama también advirtió a los palestinos de que deben «cesar la violencia», y a Hamas que «reconozca a Israel».
El principal objetivo era dejar claro a la comunidad árabe que  comienza una nueva etapa, una nueva era en las relaciones entre EE UU y el mundo musulmán. «Es un orgullo para mí ser el portador de la buena voluntad del pueblo estadounidense y del saludo de paz de las comunidades musulmanas en mi país: Salam aleikum», dijo Obama al empezar su arenga. «Debe acabar este ciclo de sospecha y discordia», insistió Obama, al tiempo que ofreció la apertura de un nuevo diálogo, basado en el respeto mutuo y los intereses comunes. Para el presidente norteamericano, esa relación tiene que basarse en la integración en lugar de estar definida por sus diferencias, porque de ser así, señaló, «potenciaremos a los que cultivan el odio en lugar de la paz, y a quienes promueven el conflicto en vez de la cooperación».  Obama insistió en que su país «no está en guerra con el islam». Los musulmanes, agregó, «no son parte del problema en la lucha contra la violencia extremista, sino por el contrario, parte de la solución». Y para ello destacó que la Casa Blanca no quiere que las tropas de EE UU permanezcan en Afganistán.
El presidente estadounidense conoce de cerca la difícil convivencia interreligiosa, y, aunque es cristiano, muestra con orgullo sus ancestros musulmanes. Por eso, resaltó que EE UU y el islam «no se excluyen mutuamente y no es necesario que compitan». De hecho, «el islam es parte de Estados Unidos», continuó, al tiempo que destacó que el pueblo norteamericano, «sin importar raza, religión o condición social, comparte las mismas aspiraciones: paz y seguridad, educación y un trabajo digno, amar a nuestra familia, a nuestra comunidad y a nuestro Dios». Con una gran sonrisa triunfal se despidió, entre aplausos y ovaciones, tras incluir versículos del Corán, el Talmud y la Biblia, al finalizar su sermón.
 

Liderazgo turco de la Alianza de Civilizaciones
El presidente americano hizo referencia en su discurso a la Alianza de Civilizaciones, el proyecto lanzado por el jefe del Gobierno español con su contraparte turca en 2004. Obama, no obstante, sólo mencionó a uno de los cofundadores y no fue España. El dirigente demócrata elogió el «liderazgo turco» de la propuesta internacional y nada dijo de Rodríguez Zapatero. Las relaciones entre España y EE UU no son todo lo satisfactorias que esperaría Moncloa pese a la llegada de Barack Obama. El presidente norteamericano recalará en Francia y Alemania, por segunda vez en su corto mandato, pero ha descartado de su agenda un encuentro con el jefe del Ejecutivo socialista. En los casi seis meses que lleva Obama en la Casa Blanca el contacto con el presidente español se ha limitado a unos minutos en Praga.
 

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