El milagro de escapar de la lista negra

Escapar de la lista negra era cuestión de suerte. No la tuvo el padre de Miguel Martín-Esteban, arrojado a la mina de Camuñas. Pero sí el de Jesús García Morato, «el cangrena», agricultor también, que logró escabullirse hasta que llegó a Herencia un dirigente republicano que paró las matanzas. «Igual que ha llamado usted ahora -explica Jesús al periodista- tocaban a la puerta los milicianos y te decían: ``Andando, p¿al comité¿¿. Y no eran más que cuatro ``chalecos¿¿ que ni escribir sabían». Los motivos para ser ejecutado eran variados. A 20 vecinos de Consuegra los mataron en venganza por la muerte de un miliciano en la fallida toma del Alcázar de Toledo. Pero la mayoría morían por ser creyentes. Para nueve de ellos hay ya un proceso de beatificación en marcha, como los párrocos Sebastián Tapia (arrojado a la mina el 4 de agosto del 36 tras negarse a desprenderse de su sotana), o Faustino Santos (delatado por un alumno suyo y asesinado el 30 de agosto ), o la seglar Inocenta Millán, a la que los milicianos afeitaron la cabeza y tuvieron unos días de criada. El 4 de septiembre fue empujada al pozo al grito de «¡Ahí os mandamos una cocinera!».