Ética y estética

La Razón
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Los castellanos son como sus paisajes. Como el trigo, como la alfalfa, como la uva, de sus campos podrían nacer también la ética y la estética. Siempre unidas. En ningún lugar, como en Castilla, se da el empecinamiento, la resistencia. A las cosas de la vida y de los tiempos. En ocasiones, resistencias benéficas y heroicas. En otras, empecinamientos absurdos y peligrosos. «Sostenella y no enmendalla». «¿A do váis, noble caballero, con tan bella dama a la grupa?; A Godella; ¿A Godella de los Infantes?; no, a Godella de Fornicalla». (Este breve episodio nada tiene que ver con este artículo, pero me ha divertido incluirlo). Ramón Calderón es castellano puro. Raíces en Burgos y Palencia, y también de la Montaña de Santander, que cuando nació también era Castilla la Vieja, su único litoral. Y Calderón se ha empecinado. Para mal. No resiste para ganar, sino para aplazar la derrota, que es empresa vana. O lo hace para distraer, que es objetivo imposible. Ramón Calderón es el presidente del Real Madrid, y esa responsabilidad no se puede sostener sólo con empecinamiento. Se hicieron trampas en las elecciones. Se han hecho trampas en los contratos y se han cometido pasmosas irregularidades -Calderón es un experimentado y brillante abogado-, en la Asamblea General. Su deber es dar la cara con la humildad del castellano vencido, no con el orgullo que arrasa la ética y la estética de su tierra. Y lo tiene que hacer por el Real Madrid, al que no puede someter a la humillación diaria de la duda y la rechifla general. El máximo responsable es él. Lo es porque de no haber tomado parte en el proyecto y la culminación de las trampas y las irregularidades, sí lo han hecho sus personas de confianza. Bernabéu decía que la única virtud de un dirigente era la de saberse rodear de colaboradores más inteligentes que él. Ahí están los nombres de Antonio Calderón, Raimundo Saporta, Agustín Domínguez, Muñoz Lusarreta, Gregorio Paunero, Luis de Carlos. Nadie pudo dudar ni en una sola ocasión de la decencia, dedicación y brillantez de aquellos madridistas. Nadie se beneficiaba de nada, y en una ocasión, cuando el Real Madrid quiso contratar a Amancio y no tenía dinero disponible, Bernabéu pidió a Lusarreta que financiara la operación. Y así se hizo. Porque la palabra era el valor más sagrado de aquel club, por entonces, ejemplar. Bernabéu murió sin dinero, y no quería saber nada ni de agentes ni de representantes ni de familiares de los jugadores, que son los buitres del fútbol actual, junto a los futbolistas claro, unos más que otros, que siempre hay diferencias. La historia del contrato de Van Nistelrooy es de juzgado de guardia, y Mijatovic tendría que haber sido cesado inmediatamente. La historia del fichaje fallido -por culpa de Mijatovic y Raúl- de Villa, es de despido fulminante. La chapuza de los fichajes de invierno y el enfrentamiento con la UEFA nos ha puesto en ridículo a todos los madridistas. La realidad de unas elecciones irregulares exigen un reconocimiento de culpa que no se ha producido. Y las trampas en la Asamblea General de Socios obligan, -ética y estética-, a la dimisión del Presidente y de toda su Junta Directiva. Las elecciones ahora no serían un desastre. Supondrían la curación de una entidad enferma. Esa ética y estética de Castilla no has sabido imponerla en el Real Madrid. Por tu bien y por el Real Madrid, y antes de que se nublen más los cielos, véte.