Polémica por la medalla a Rivera

El pasmo sirve de prólogo a la Feria de Abril sevillana, a la que este año también faltará la Duquesa de Alba, quien para esas fechas estará repuesta -ojalá- de su operación, dos veces pospuesta, para ponerle una válvula en la cabeza. De cara a los carteles feriales hay comentarios de todo tipo -y pocos elogiosos- ante la desproporcionada medalla de las Bellas Artes que el Ministerio de Cultura ha concedido a Francisco Rivera Ordóñez. Si la precedente fue para un maestro de verdad, con auténtica categoría, como es José Tomás, lo de Rivera produce estupor. Y no sólo porque le falte edad, también por sus escasos logros en una carrera que fue triunfal en su etapa de novillero y luego demasiado acomodada. Un despropósito Nada tiene que ver el Francisco de los primeros tiempos con el que sigue buscando «el agujero» -el del toro, el del toro- que tan fácil resultaba a su glorioso abuelo Ordóñez. Él ennobleció estas medallas, además de tener una más que merecida. Lo mismo sucedió con el magisterio de Curro Romero y Manzanares. Voces de gesta casi lorquianas claman contra lo que parece un despropósito. Igual es que a César Antonio Molina ahora le da por premiar otro tipo de faenas en las que Fran sí es experto. Que se lo digan a la duquesa de Montoro. Desde Morante de la Puebla, lógicamente cabreado, a su pariente Canales Rivera -que es primo pero no lerdo- ven injustificada la distinción, que encima está provocando chufla tanto entre la afición como en la Prensa. No es la mejor manera de defender la Fiesta Nacional, tan debatida y polémica, sobre todo en Cataluña.