Una amenaza para la unidad de Reino Unido

Paul Gordon, representante y miembro del European Movement United Kingdom en España

Reino Unido se despertó el viernes después de una noche electoral que empezó con un sondeo al cierre de los colegios electorales que pronosticaba una mayoría absoluta de los “tories” de Boris Johnson más grande de lo que se esperaba.

Todo el mundo se preguntaba si este sondeo se iba a cumplir o no. Al final, el resultado final no es tan grande, pero más que suficiente para gobernar sin necesitar los apoyos condicionados de grupos minoritarios en el Parlamento.

Boris Johnson ha logrado 365 escaños para su partido, nada menos que 48 más que los que heredaba de su antecesor en el cargo, Theresa May. Hay que reconocer la escala de su victoria. Ningún “tory” soñaba con poder lograr una mayoría absoluta tan contundente de 39 escaños. Es el mejor resultado electoral de los conservadores desde los años ochenta. Ahora Johnson y su Gobierno pueden acelerar sus planes para salir de la Unión Europea a final del mes que viene sin más problemas y trabas parlamentarias. Tienen vía libre. Su apuesta arriesgada en convocar elecciones, las primeras en el mes de diciembre en casi cien años, no ha sido tan arriesgada al final y ha beneficiado a Johnson, consolidando su posición política en general, no solamente con referencia al asunto espinoso del Brexit.

Por el otro lado de la moneda, el Partido Laborista ha cosechado los peores resultados desde los años treinta del siglo pasado. Tal es la magnitud de su revés electoral y político. La noche electoral ha terminado con el liderazgo de Jeremy Corbyn. Ha anunciado que dimitirá después de un periodo de transición. Su liderazgo ha sido visto por muchos simpatizantes tradicionales laboristas como demasiado extremista en muchas cuestiones y demasiado confuso en relación al tema estrella del Brexit. Tampoco le han ayudado las constantes acusaciones de antisemitismo dentro del partido y la reciente recomendación del rabino jefe en Gran Bretaña de no votar por los laboristas. Los laboristas se quedan en 203 diputados. Han perdido nada menos que 59 escaños, sobre todo en feudos tradicionales del norte de Inglaterra y el norte de Gales que han votado laborista toda la vida. Ahora, por el asunto del Brexit, Johnson ha logrado tomar estas circunscripciones tradicionalmente de clase obrera para los “ories”. Este hecho en sí es muy importante y llama la atención. Estos votantes de clase obrera han dado la victoria a Johnson. En Escocia, cuna del movimiento sindical y laborista británico, estos solo tienen un solo diputado. Han perdido seis allí.

Los otros grandes vencedores de las elecciones generales han sido indudablemente los nacionalistas escoceses. Han logrado subir 13 escaños en Escocia desde 2017 con un total de 48 diputados. Han desbancado a la recién elegida líder de los liberal demócratas, Jo Swinson, en su circunscripción de East Dunbartonshire dejando a la formación liberal descabezada. Solo tienes que mirar un mapa político de Reino Unido para darse cuenta enseguida de la polarización que el Brexit ha provocado entre Inglaterra y Gales por un lado, mayoritariamente favorables a la consumación de la salida de la Unión Europea, y Escocia e Irlanda del Norte por otra parte, mayoritariamente favorables a la permanencia en Europa. Sin duda alguna, Nicola Sturgeon, la carismática líder del SNP, va a sentirse respaldada lo suficientemente por el pueblo escoces como para incrementar seriamente la presión política sobre Johnson para celebrar una nueva segunda consulta sobre la independencia de Escocia.

Johnson, aunque dice que no va a permitir otro referéndum sobre la independencia de Escocia, lo tiene muy difícil de parar. Muchos escoceses moderados que votaron en contra de la independencia en 2014 se sienten ignorados y no representados por Johnson. Los “tories” han gestionado el Brexit sin contar con la gran mayoría de los escoceses estos tres años y medio atrás enfureciendo a una gran parte de la población que quiere seguir formando parte de la Unión Europea. En algún sentido, Escocia ha vuelta a su posición históricamente opuesta a Inglaterra del período antes de la unión, cercano a Francia y el continente europeo característico de la época medieval. Aunque los conservadores en Escocia han perdido siete escaños desde 2017, quedando con solo seis diputados nacionales en el Parlamento de Westminster, no es tan malo su situación. Quedan como el segundo partido más votado por delante de los laboristas.

Ahora, con estos resultados electorales, Johnson tiene despejado el camino para llevar a cabo su plan estrella, que le ha llevado al poder, de sacar el país de la Unión Europea, pero corre el riesgo de sacrificar la unidad de Reino Unido en el altar de Brexit. Ya veremos si por una parte las tensiones generadas por el Brexit pasan factura a la unión del país y si finalmente Escocia se independiza y trata de quedarse en Europa o, por otro lado, si Irlanda del Norte se termina reunificando con el resto de la isla de Irlanda.

Son tiempos difíciles e inciertos. Nos dicen que esto solo es el fin de la primera parte de la saga del Brexit; la salida. Queda aún la, tal vez más complicada, la negociación de la relación futura y un acuerdo de comercio que Bruselas dice puede tardar varios años en lograr. Esperemos que Reino Unido sobrevive intacto y puede lograr un buen acuerdo de salida con sus vecinos comunitarios. Tal vez, si el Brexit no sale bien, los británicos se lo volverán a pensar en algún momento futuro y pedirán la readmisión en el club comunitario.