Venecia experimenta sus primeros Carnavales sin turismo masivo por las inundaciones y el coronaviurs

El número de visitantes se ha reducido drásticamente en una ciudad que lucha por no convertirse en un parque temático pero que vive del sector servicios

Carnival of Venice
Una pareja posa enmasacarada en el embarcadero de la Plaza de San Marcos de Venecia/EPAANDREA MEROLAEFE

Las imágenes del “Diamon Princess” amarrado en el puerto japonés de Yokohama han golpeado al sector. Italia ya vivió una falsa alarma, cuando hace unas semanas otro gran barco tuvo que permanecer más horas de las previstas en el muelle de Civitavecchia -cerca de Roma- mientras analizaban dos posibles casos de coronavirus, que después resultaron negativos. Todo esto ha provocado que frente a la plaza de San Marcos dejen de despuntar las enormes proas de los cruceros.

Entre semana, las calles de Venecia amanecen más despobladas de lo habitual. El descenso del número de visitantes es relativo, pero estamos en carnaval, el momento en el que todos los años despega un turismo masivo que no cesa en toda la temporada, y han empezado a cundir los nervios.

Según las previsiones de Stefania Stea, vicepresidenta de la Asociación de Hoteleros Vencianos, “las reservas están al 70 u 80% durante los tres fines de semana de carnaval, mientras que durante la semana los números son inferiores, pese a que los precios se han visto bastante rebajados”. Venecia está demasiado acostumbrada a colgar el cartel de ‘completo’, por lo que una leve crisis inquieta a los hosteleros. Hace unos días la patronal del sector invitó a unos 40 corresponsales extranjeros, entre los que se encuentra el autor del reportaje, para tratar de aclarar una imagen que en los últimos meses ha quedado dañada.

Porque lo peor no se debe a la crisis del coronavirus, sino a las inundaciones de hace un trimestre. La noche del 12 de noviembre, un ciclón tropical elevó las mareas por encima de lo habitual. Venecia convive habitualmente con este fenómeno, conocido como ‘acqua alta’, pero aquel día el nivel de las aguas llegó a los 187 centímetros, el mayor registro en el último medio siglo. Esto supone que la plaza de San Marcos, construida en la zona más baja de la ciudad, quede cubierta por más de un metro de agua salada. Las imágenes de la explanada convertida en una gran piscina impactaron tanto, que todavía hoy algunos turistas llaman preguntando si la ciudad está ya seca. Los episodios duraron varios días, aunque las mareas volvían a su cauce la misma tarde. No lo hizo el turismo, ya que las reservas hoteleras se desplomaron entonces a la mitad.

El Ayuntamiento calcula que los daños en casas y comercios alcanzan los 400 millones de euros. En uno de los lugares más emblemáticos, la basílica de San Marcos, un torrente también entró por su cripta. “La iglesia lleva aquí desde hace 1.000 años, es una vieja señora que en un día envejeció otros 50 años”, reconoce Pierpaolo Campostrini, responsable técnico del templo. Las autoridades locales porfían ahora con el Gobierno para poder disponer cuanto antes del dinero destinado a las ayudas. Y en esas ha irrumpido la crisis por el coronavirus de Wuhan, que afecta a los ingresos del turismo. “La incidencia del virus tiene una incidencia menor en Venecia, ya que el número de turistas chinos en la ciudad es bastante reducido”, señala el alcalde, Luigi Brugnaro.

Las cifras oficiales de la Administración veneciana señalan que los chinos representan la quinta nacionalidad por número de visitantes, justo por delante de los españoles. De modo que no se trata, ni mucho menos, de un turismo residual. Su permanencia sí que es menor a la de los ciudadanos de otros países, por lo que muchos de ellos se encuadran dentro de la categoría de lo que en italiano se conoce como “mordi e fuggi” (muerde y huye). La mayoría de estas personas llegan con paquetes turísticos que convierten a Venecia en una etapa más de un “tour” por Italia o en grandes cruceros.

Brugnaro, un empresario veneciano que en las últimas elecciones fue apoyado por una coalición de partidos derechistas, asegura que él “más que nadie” está interesado en “acabar con el turismo de masas”. De momento, ha aplicado una tasa de 3 euros a todos los visitantes que no pernocten en la ciudad, reclama una ley para que los pisos solo puedan convertirse en apartamentos turísticos durante un máximo de 100 días anuales y pretende que los cruceros lleguen a la ciudad por un puerto alternativo y no directamente a la plaza de San Marcos.

Pero la realidad es que la población veneciana apenas supera las 52.000 personas, menos de una tercera parte de la que tenía la ciudad a mediados del siglo XX. Para el alcalde se debe solo “al envejecimiento de los residentes, algo que ocurre en todas grandes ciudades europeas”. Aunque los sectores más críticos con el modelo turístico que ha desarrollado la ciudad lo atribuyen, precisamente, a la escasa atención que han dedicado las autoridades para huir de un mecanismo que trae dinero fresco.

“Si uno quiere transformar Venecia definitivamente en un parque temático, que vengan más turistas”, asegura desafiante Tommaso Cacciari, del Comité contra los grandes barcos de Venecia. “Los navíos cada vez son más grandes, por lo que son incompatibles con los puertos europeos construidos en los siglos XVIII y XIX. Así que la única solución es adoptar medidas como en Miami, que ha alejado su puerto de la ciudad, y dejar a los cruceros fuera de la Laguna veneciana”, recalca. Las diferentes estimaciones calculan que Venecia recibe cada año entre 20 y 30 millones de turistas. Y esto afecta también a la sostenibilidad de una ciudad ya de por sí frágil.

Un grupo de submarinistas recorre los canales en barco recogiendo la basura que se encuentra en el fondo. “Hemos sacado bicicletas, neumáticos o lavadoras”, afirma Ferruccio Dalla Pietà, nada más volver a la superficie. La iniciativa surgió hace solo unos meses como una acción de los venecianos para recuperar su ciudad y en este tiempo han recogido unas 4,5 toneladas de deshechos. Venecia presume de ser la urbe que más recicla de toda Italia y los habitantes que resisten en su casco histórico se enorgullecen de levantarse siempre ante las adversidades como el ‘acqua alta’. Ahora el efecto de las mareas ha rebajado la oleada de turistas. Lo que no está tan claro es que todos estén satisfechos con este nuevo clima.