Un confinamiento en ultramar (XLVIII): Ayuso o el mal

Pasar de Trump a Ayuso, como que no. Muñequito de atizar y leña al mono al que achacan todos los males imaginables»

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, ayer en Madrid
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, con el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, ayer en MadridJesús Gómez Feria

Suena el teléfono. Es mi madre, o sea, la doña que me parió. Pregunta por la ecografía de Mónica. Todo fenomenal. Había otras cuatro personas en la sala de espera y yo ya sólo rezo porque cuando traiga de vuelta el coronabicho nos coja con la seroprevalencia amartillada, que por algo pasamos lo que pasamos. Después de comentar los riñones del enano, que parece que viene rollizo, de repasar las cifras de muertos, y luego de asumir que estamos completamente de acuerdo en lo monstruosamente ignorante que es Trump, va mi madre, cambia de tercio, cita junto a la barrera y remata por la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Que ha dicho tal cosa. Que está alojada en no sé qué apartamento. Que se ha hecho unas fotos como de virgen secularizada o maja vestida por Murillo o milagrosa rústica y blanca de luto o dolorosa pasada por el kiosko. Vaya por delante que yo por mi madre mato y que la señora Ayuso no me parece exactamente el equivalente castizo de Golda Meir. Pero esto de conversar con tu madre y que de pronto creas estar ante Jorge Javier Vázquez o Jordi Évole o, todavía peor, a Rafael Simancas, esto de pasar de Trump, que tanto une, a repetirme en directo el guión sobre Ayuso, como que no. Mal que bien trato de explicarme y explicarle que la campaña mediática contra esta mujer, la avalancha de memes, la sobredosis de críticas y lo hiperbólico de muchas de éstas, recuerda poderosamente a aquella otra riada de basura, mediados los años ochenta, desplegada contra el maravilloso Fernando Morán, al que una piara de enrabietados y canallas trató de labrar una celebridad de redomado imbécil. Algo similar sucede estos días con Ayuso, muñequito de atizar y leña al mono al que achacan todos los males imaginables los mismos que impávidos sueltan que a ver, el Gobierno de Sánchez lo hizo mal, pero vamos, como todos los de su entorno, mira Francia, mira los ingleses, eh, EH, los ingleses, oyes, bueno, una cosa fue la improvisación, y el rollo del 8-M, que hay que reconocer que se les fue de las manos, y otra que se les pueda echar encima los 30.000 muertos. Pero Ayuso, ay Ayuso, Ayuso y las pizzas, Ayuso y las fotos, Ayuso y el avión, Ayuso y las mascarillas, Ayuso Ayuso Ayuso. Un amigo, buen amigo, sospecha que han montado esta cacería por la necesidad que tiene la política de hacer solubles los mensajes en un rostro y personalizar los lemas. No hay forma de ocultar los desastres de la gestión gubernamental, una de las más catastróficas del mundo, sin contar a cambio con una némesis de cuya percha colgar la novela de lo malos que son nuestros adversarios. Desde su atalaya de derrapes, desde su cantera de deslices, desde los inevitables tropiezos, y no pocos aciertos, la señora Díaz Ayuso ha evolucionado a yesca favorita y, sobre todo, a objetivo a batir dada la evidente dificultad de plantear un órdago a la gestión del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, al que por cierto no hace tanto que estuvieron a punto de enterrarlo a cuenta de los fuegos en la Amazonía y Notre Dame.

Le escribo a Mikel Arteta, mi guía en cuestiones de filosofía moral y política. «Creen que Ayuso es el eslabón más débil», opina, «querrán tapar así sus miserias, pero cualquier crítica a Ayuso languidece tanto frente a las negligencias del Gobierno de Sánchez que hay que tomársela a risa. Y así se la tomarán sus votantes». Entonces, ¿por qué tanta saña? «Igual quieren convertirla en la próxima gran Esperanza. Siempre resultará más fácil de batir que el querido Almeida y la sobradamente preparada Cayetana, que ayer volvió a dejar tiritando a Carmen Calvo.

La arrogancia de Ayuso, mal controlada, apretará las filas contrarias y les dará mucha carnaza. Como la que les daba Cayetana, pero ahorrándose palos como los de ayer». Y el PP, ¿aprovecha la situación para que Ayuso relegue a Cayetana? «Esperemos que no, por el bien del parlamentarismo». Pienso en la hazaña que supuso el hospital de campaña del Ifema, y en Simón y sus manifestaciones feministas y sus colosales accidentes de tráfico y siento crecer algo muy parecido al cólera. Recuerdo las fotografías de niña gótica y triste y virgen pop(ulista), el disfraz moña en su huerto de los olivos y los ojitos en blanco y me digo a mí mismo que uno cosecha lo que siembra. Pero ni Ayuso, que repito que se ha desempeñado con nota muy alta, ni nadie merece este entusiasmo en la parodia y las continuas paletadas de bosta. Mucho menos si descontadas las simpatías y fobias de cada cual consideran la ofensiva peripecia de un gobierno que será conocido como el de los 30.000 muertos.