Trump propone un G-7 presencial como mensaje de confianza

El presidente de EE UU propone un encuentro en Washington para fortalecer su imagen ante su electorado y los líderes responden que hay que esperar a la evolución de la pandemia

Donald Trump
Donald Trump habla con los periodistas antes de abandonar este jueves la Casa Blanca para acudir a MichiganEvan VucciAP

El presidente de EE UU, Donald Trump, está decidido a celebrar de nuevo la reunión del G-7. Entiende que dotaría de empaque y simbolismo a la reapertura económica, que ya avanza a distintas velocidades en los 50 estados de la Unión. Entre la alta política y la propaganda, entre la desescalada y la coordinación internacional, con las elecciones presidenciales previstas para otoño, el G-7 serviría para relanzar el ánimo de un mundo en penumbra. Desde luego también para pasar, claro, los mensajes más optimistas de un Trump necesitado de gestos y cierta pompa.

Encerrado con las cifras de paro más violentas desde la Gran Depresión, con más de 1.528.000 casos detectados en EEUU, y 91.664 muertos, con los números en los sondeos congelados a la baja, con el electorado anhelante de alguna señal positiva y los empresarios espantados por la ruina sistémica, Trump escribió en Twitter, su canal de comunicación dilecto, que «ahora que nuestro país está “volviendo a la grandeza” estoy considerando reprogramar el G-7, en la misma fecha o similar, en Washington D.C., en el legendario Camp David. Los otros países también están comenzando su REGRESO. Sería una gran señal para todos: ¡normalización!».

De hecho incluso tiene fecha, entre el 10 y el 12 de junio, en Maryland, y los líderes mundiales han comenzado a reaccionar. Emmanuel Macron, por ejemplo, ya ha dicho que sí, siempre que las circunstancias lo permitan. También se ha pronunciado de forma favorable, aunque cauta, el secretario de presidencia del Gobierno de Japón, Yoshihide Suga, que asume como esencial la necesidad de retomar el pulso económico y político paralizado desde marzo, cuando la pandemia por coronavirus obligó a cerrar uno a uno todos los grandes países. En cuanto a Macron, que habló por boca de un alto cargo, sostiene que todo dependerá de cómo evolucionen los indicadores sanitarios.

Reticencias de los invitados

Ciertamente el G-7 serviría para aglutinar y subrayar la importancia de que las naciones más ricas coordinen una respuesta a la crisis. Pero una reunión presencial, la clase de encuentro a la que aspira la Casa Blanca, no puede tomarse a la ligera. Justin Trudeau, primer ministro de Canadá, ha comentado que «necesitamos encontrarnos como líderes. Que el encuentro sea virtual o presencial dependerá de lo que proponga EE UU, en tanto que anfitrión, para lograr que los asistentes estén seguros, así como de la clase de recomendaciones que hagan los expertos en cuanto a lo que podría funciona».

En opinión de la canciller alemana, Angela Merkel, «sea cual sea la forma que adopten las reuniones del G-7, tanto si es por videoconferencia como de otra forma, pelearé por el multilateralismo, es claro, tanto en el G-7 como en el G-20».

A nadie se le escapa que, de celebrarse de forma presencial, al G-7 acudirían los líderes de cuatro naciones europeas, Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, al tiempo que los ciudadanos de estos países tienen vetado viajar a EE UU. Una disparidad achacable sin duda a la feroz situación creada por la pandemia y aconsejada por los epidemiólogos que asesoran a los gobiernos, pero difícilmente compatible con una apariencia de cierta normalidad si la prohibición sigue vigente para cuando los líderes arriben a Camp David.

Un encuentro que coincidirá con unos números macroeconómicos imposibles de mantenerse la tendencia actual: ayer mismo, jueves 21 de mayo, la cifra de personas apuntadas al seguro de desempleo superó la asombrosa barrera de los 38 milllones. 38,6, concretamente, otros 2,4 en los últimos siete días. Se trata de un volumen tal que los expertos vaticinan que puede alcanzar el 20% a finales de mes.

Presiones al legislativo

Todo esto sucede mientras aumentan las presiones para que el legislativo sea capaz de alcanzar un acuerdo que amplíe y multiplique el multimillonario paquete de ayudas aprobado en marzo, que inundó la economía nacional con cheques, préstamos y ayudas por valor de más de dos billones de dólares. La maquinaria de Washington a pleno rendimiento como si el país hubiera regresado a los días de la II Guerra Mundial, por más que muchos vaticinan que el daño al tejido económico será duradero.

De hecho uno de cada dos trabajos perdidos podría no volver en mucho tiempo, y sólo en la ciudad de Nueva York no menos de un tercio de los bares y restaurantes están muy cerca de no poder reabrir la persiana después de dos meses de implacable cierre. En el estado, el más castigado con diferencia, el gobernador, Andrew Cuomo, anunció 105 muertos y 246 contagios en las últimas 24 horas. Son los mejores números desde hace dos meses.

Quizá para celebrarlo, y porque este lunes llega Memorial Day, fiesta nacional y uno de los días de asueto marcados en rojo en el calendario de los estadounidenses, las playas del estado reabrirán al 50%. Es otro más de los tímidos pasos de un país que sueña con el día en que pueda recuperar su cotidianeidad, arrasada por el virus.