Vuelven los gases lacrimógenos y los arrestos a Hong Kong

El parlamento de la ex colonia británica debate una norma que tipifica como delito cualquier ultraje a la bandera o al himno nacional y eleva el malestar por la ley de seguridad nacional

Despliegue policial para impedir las protestas del movimiento prodemocrático de Hong Kong
Despliegue policial para impedir las protestas del movimiento prodemocrático de Hong KongVincent YuAP

Esta vez no les iba a pillar por sorpresa. Hoy, el Parlamento de Hong Kong amaneció blindado y rodeado de grupos de policía con un objetivo claro: el de evitar que los antigubernamentales bloquearan la llegada de los diputados al hemiciclo y se procediera con el debate de un proyecto de ley que tipifica como delito cualquier ultraje a a la bandera o al himno nacional chinos. La lección de hace un año, cuando los manifestantes lograron evitar que se tramitara una ley de extradición que desató las protestas en la ex colonia británica, parecía bien aprendida y los opositores no lograron evitar lo inevitable. El proyecto siguió su curso y los altercados generados en torno a la norma en distintos puntos de la ciudad se saldaron con 300 detenidos.

Atrás quedó la victoria de los hongkoneses tras conseguir retirar la polémica ley y el triunfo de los prodemócratas en las elecciones a distrito del pasado noviembre. Tras meses repletos de enfrentamientos entre la Policía y numerosos ciudadanos, las Fuerzas de Seguridad de la ciudad china parecen estar más que preparadas que nunca.

El asedio a las comisarías o la ocupación del aeropuerto y las universidades han curtido a una Policía que ahora sigue una política de tolerancia cero. Además, la tregua forzada durante la epidemia de coronavirus parece haberles ayudado a organizarse y controlar mejor las últimas movilizaciones.

A base de utilizar pelotas de goma o gas pimienta ante cualquier intento de protesta y llenando con agentes antidisturbios las calles, el metro o los centros comerciales de la ciudad, el Ejecutivo de Carrie Lam va sorteando los obstáculos que ponen sus ciudadanos ante lo que consideran cualquier intento de acercamiento a Pekín. El de hoy, a su parecer, era uno de ellos, ya que los colectivos prodemocráticos habían advertido que con este proyecto de ley se erosionan unos derechos y libertades de los que han gozado hasta ahora gracias al principio de “un país, dos sistemas” que rige en la ex colonia británica.

Dicha normativa, impulsada por el Ejecutivo local, prevé castigar con penas de hasta tres años de prisión y multas de casi 6.000 euros a quien insulte o silbe al himno nacional chino, como ha sucedido en diversas ocasiones. Y para pesar de aquellos ciudadanos que no quieren quedar bajo la égida de Pekín, la medida saldrá adelante gracias a la mayoría progubernamental en el Legislativo. Todo esto, sumado a la Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong que hoy pretende votar Pekín, empujó a numerosos ciudadanos a salir a las calles y concentrarse en señal de protesta.

Así, en diferentes barrios de la ciudad se pudo escuchar el “Gloria a Hong Kong” -el himno oficioso de las protestas- y diversas consignas en contra de ambas normativas, al tiempo que la Policía cargaba e impedía el paso de los manifestantes que trataban de avanzar por las principales avenidas.

“Nos quieren robar el derecho a la crítica, ya sea sobre China o sus políticos, y hacer que obedezcamos como borregos”, se quejaba Tommy, de 25 años. “Por eso salimos. Aunque sea difícil, debemos tratar de protegernos”, añadió

Conscientes de las dificultades, muchos como Tommy están dispuestos a seguir adelante y ya hay programadas otras manifestaciones para los próximos días. Sobre todo, después de que hoy la Asamblea Nacional Popular (ANP) -el órgano legislativo del país- apruebe la moción para redactar dicha Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong.

Con ella, el Gobierno central pretende “prevenir, detener y sancionar” cualquier acto “de traición, secesión, sedición, subversión” y otros comportamientos que pongan en peligro la seguridad nacional. Algo que los prodemocráticos traducen como un intento de limitar sus libertades, acallar las voces críticas con el Gobierno Central y un paso más para perder autonomía.

Ante esta situación y por si no fuera suficiente la tensión que se vive en la ex colonia británica, el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, echó ayer más leña a fuego al afirmar en el Congreso que Hong Kong ya no goza de la autonomía prometida por Pekín, lo que despoja a este centro financiero internacional de sus derechos de comercio preferencial. “Ninguna persona razonable puede decir hoy en día que Hong Kong mantiene un alto grado de autonomía de China, dado los hechos acontecidos en terreno”, advirtió en un comunicado.

A última hora, China no le había respondido, pero seguro sus palabras no caerán en saco roto y le servirán al Gobierno de Xi Jinping como argumento perfecto para imponer una ley que incluye en uno de los apartados la prohibición de la “actividad de fuerzas extranjeras y externas” que interfieran en los asuntos internos de esta región administrativa especial. Una acusación a la que Pekín ha recurrido en el último año en repetidas ocasiones y que, una vez más, le servirá para señalar culpables fuera del país como instigadores de las protestas.