Guerra Trump-Twitter: ¿Se pueden verificar las opiniones?

El enfrentamiento pone en evidencia la conculcación de derechos de millones de usuarios y el cambio de roles en la era digital. Por Borja Adsuara, abogado experto en Derecho Digital y profesor universitario

Donald Trump
Donald Trump junto a sus guardaespaldas en una imagen de la semana pasadaEvan VucciAP

¿Qué relevancia puede tener el conflicto de Twitter con Donald Trump?

Para empezar a analizar lo sucedido hay que distinguir la libertad de opinión y el derecho de la información. La opinión por definición es subjetiva, no es ni verdad ni mentira, no se puede verificar una opinión. El derecho de la información implica tanto el de comunicarla como el de recibirla. Antes de que apareciera internet, el derecho a dar información quedaba prácticamente reducido a la prensa. Ahora todos podemos comunicar información a través de redes sociales, blogs, etc. Aquí entra el derecho a comunicar y recibir información veraz, porque éste si se refiere a hechos, y de estos se puede juzgar la veracidad. Lo que es absurdo es que una plataforma digital entre a verificar opiniones. ¿Twitter va a verificar las opiniones de todo el mundo o solo a Trump por el hecho de ser Trump? El problema aquí es que se está confundiendo la información periodística, que tiene que ser veraz, con las opiniones de cualquiera, aunque sea el presidente de Estados Unidos.

¿Cómo se pueden combatir entonces los bulos?

La mejor forma de combatir las opiniones falsas, que aparecen todos los días en muchos artículos de opinión de los periódicos, por ejemplo, es con otras opiniones. Al hablar de las votaciones por correo, Trump estaba dando su opinión. Como político es objeto de información, vende su gestión, y si miente ya se le exigirán responsabilidades políticas y ya estarán los periodistas para verificar si lo que dice es verdad o no. Eso lo hacen los periodistas, no una plataforma digital. Lo único que debería hacer una plataforma digital sería suprimir los tuits que sean delictivos, claramente ilegales, como por ejemplo la pornografía infantil o injurias o calumnias gravísimas.

¿Se actúa fuera de la ley para supuestamente defender al ciudadano?

Lo que más preocupa de todo esto es que las redes sociales, que son empresas norteamericanas, han empezado a poner límites a la libertad de expresión en sus condiciones de uso que no están en la ley. Porque el único criterio que debía prevalecer es el de legalidad, y hablan de contenidos inadecuados, o bulos... Pero son ellos los que deciden qué son bulos, como ocurre ahora en España, que las informaciones que no coinciden con las fuentes oficiales son bulos, cuando resulta que las fuentes oficiales están contradiciéndose y desdiciéndose continuamente. No hay que combatir los bulos en sí como opiniones individuales, hay que combatir las campañas de desinformación con redes de bots. No hay “fair play” si los rusos tienen granjas de bots que bombardean con información falsa a los ciudadanos. No es lo mismo que un ciudadano opine una barbaridad en una red social. Otro le contestará con otra barbaridad. No se puede pretender que todas las informaciones y opiniones que aparecen en las redes y la prensa sean veraces. Hay que defender el pluralismo informativo. Si Trump dice una tontería, al lado tiene que haber muchas opiniones que digan que es una tontería. No tiene que tomar partido una plataforma que debe ser neutral. Si adviertes sobre Trump, ¿por qué no lo haces con todas las opiniones de Twitter?

¿Por qué precisamente ahora Twitter actúa contra Trump?

Antes lo hacía con otros usuarios, pero llama la atención ahora que el protagonista es Trump. Hay que denunciar lo que sucede en general, no solo por este caso. ¿Por qué Twitter tiene que decir que lo que yo opino en un mensaje es mentira? Mi derecho a la libertad de expresión incluye el derecho a decir tonterías. Estas no se combate con censura sino con más libertad.

¿Se puede interpretar como un paso más y ya decidido por parte de la plataforma para controlar los mensajes?

Sí, es un proceso que va a más y en el que están participando los gobiernos europeos y la Comisión Europea. Se han dado cuenta de que si intervienen en las redes les van a acusar de censores, entonces han pedido a las cuatro grandes -Facebook, Twitter, Youtube y Microsoft- que borren lo que consideren inadecuado o ilegal. ¿No son los Estados los que deben garantizar los derechos de los ciudadanos, incluido el de la libertad de expresión? ¿Y quién decide qué es ilegal? ¿Una multinacional norteamericana? ¿Para qué están los jueces, la Policía, las leyes...? Las normas de uso de una plataforma no pueden estar por encima de las leyes nacionales, europeas o la declaración universal de derechos humanos. ¿Twitter va a limitar nuestro derecho a la libertad de expresión?

¿Se está dando entonces un poder desproporcionado a las plataformas?

Estamos asistiendo a una caída de las libertades y se empieza a asumir. Hasta la misma Comisión Europea anima a las plataformas y les dice que si en 72 horas no están borrados los mensajes falsos, les amenaza con multas. Hasta tal punto que el mismo Mark Zuckerberg pidió que le regularan y le dijeran qué tenía que censurar, que por qué tiene que decidirlo él. Ahora ya han elegido una especie de tribunal supremo de Facebook para decidir sobre los casos más problemáticos. Actúan como un país con su legislativo -imponen sus normas-, y su poder judicial y policial para perseguir a los individuos. Ahora hay más gente preocupada de imponer límites a la libertad de expresiónn que de garantizarla.