Las cinco reverencias de Suga, el nuevo primer ministro nipón

El Parlamento le designó al tecnócrata de 71 años como el sucesor de Abe hasta el final de la legislatura en 2021

En medio de una gran ovación y rodeado por sus colegas legisladores, Yoshihide Suga, se levantó ayer de su asiento en el Parlamento para hacer una reverencia. Cinco inclinaciones con las que mostró su agradecimiento tras haber logrado ganar la votación que le ratifica como el nuevo primer ministro de Japón.

Con su esperada elección, el político de 71 años se convertía en el líder número 99 del país y ponía fin a la administración liderada por su predecesor Shinzo Abe que, tras anunciar su retirada de la arena política por problemas de salud, se despidió también ayer entre aplausos y reverencias batiendo el récord de mayor número de días al frente del archipiélago nipón. En el horizonte, una nueva era repleta de desafíos políticos, económicos y sociales en la que quien fue la mano derecha de Abe durante los últimos años optará por una política de continuidad.

La votación se produjo sin sorpresas según lo esperado. Primero, este tecnócrata hijo de agricultores recibió 314 de los 462 votos emitidos en la sesión extraordinaria de la Cámara Baja de la Dieta que se convocó para ratificar la propuesta elegida el lunes por el partido gobernante, el Partido Liberal Democrático (PLD). Después, se hizo con 142 de las 243 papeletas en la Cámara Alta, yendo el resto de votos a parar entre candidatos propuestos por otras formaciones políticas.

Inmediatamente después de conocer el resultado, este trabajador infatigable se puso a formar un gobierno cuya media de edad ha resultado ser de casi 60 años. Haciendo honor al apodo de heredero de Abe, Suga optó por mantener en el equipo a los nombrados por su antecesor o a legisladores con experiencia en puestos críticos con el fin de priorizar la estabilidad y el equilibrio de poder entre las facciones.

Entre ellos, continuarán figuras clave como el ministro de Finanzas, Taro Aso; el de Relaciones Exteriores, Toshimitsu Motegi; la ministra de Olimpiadas, Seiko Hashimoto (una de las dos únicas dos mujeres de todo el gabinete); o el de Medio Ambiente, Shinjiro Koizumi. Tan solo cinco de los veinte ministerios traerán caras nuevas. Como la del hermano menor de Abe, Nobuo Kishi, que quedará al frente del Ministerio de Defensa.

El veterano político, que ha comparecido durante años dos veces al día frente a los medios, coge las riendas en un momento realmente complicado para la tercera economía más grande del mundo. Japón está luchando contra la epidemia de coronavirus -con varios brotes activos ahora mismo en el país-, que ha agravado los problemas financieros en una nación que arrastra un estancamiento económico desde hace años. Además, el país también se enfrenta a una sociedad muy envejecida, con casi un tercio de la población mayor de 65 años.

Con la peor recesión desde el final de la Segunda Guerra Mundial, este aficionado al karate ha asegurado que en ese terreno continuará con las “Abenomics”, la política económica impulsada por su predecesor que combina expansión monetaria, estímulo fiscal y reformas estructurales para generar crecimiento. Además, indicó que apostará por apoyar el empleo, promover los negocios y crear un sistema de crédito fiscal para apoyar a las regiones rurales.

En otro orden de cosas y como ya anticipó el mandatario, al igual que Abe respaldará la reforma de la constitución pacifista de posguerra que hasta ahora no permite a Japón tener un ejército al uso y luchará por el regreso de los ciudadanos japoneses que fueron secuestrados en los años 70 y 80 por Corea del Norte.

De puertas para afuera, no le quedará otra opción que la de curtirse ante su reconocida falta de experiencia diplomática. El líder entrante deberá trabajar por reforzar o construir lazos con el ganador de las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos, un aliado con el que hacer frente común a la amenaza norcoreana y al auge de China. Todo ello sin olvidar los Juegos Olímpicos de Tokio -pospuestos para el verano de 2021 por la epidemia de COVID-19- y en los que deberá asumir un papel mucho más internacional.

Hasta entonces, una de las primeras tareas que deberá acometer será la de aclarar si convocará o no elecciones anticipadas y llegará a concluir el mandato en septiembre de 2021 como está previsto. De hacerlo, muchos apuntan a que Suga estaría buscando establecerse como un líder a largo plazo y no simplemente como un primer ministro interino.

Sobre todo porque, según apuntan algunos analistas, este tecnócrata de perfil bajo no sería entonces la primera opción de su partido como sí lo fue su antecesor, que ayer se despidió agradeciendo desde «el fondo de su corazón» el apoyo a su gestión. “He pasado cada día dándolo todo por la recuperación económica y la diplomacia para proteger los intereses de Japón”, afirmó Abe.